el dedo sobre la final piel
su recorrido sobre ella
el destino los labios
rojos
abiertos
los dientes tras ellos
la mirada brillante por la excitación
el cuerpo expectante al aliento
el silencio
la espera
los movimientos rítmicos
la voz sensual
sinuosa
olvidada por un gemido
y las miradas
siempre las miradas
pero su pelo jodiéndolo todo
¿por qué no es apartado?
quise mirarla a los ojos otra vez
y me acordé de la mirada de la anterior
y la anterior
y comparé
no pude evitarlo
y descubrí que casi siempre
acabo ayudando a masturbar
a niñas imbéciles
He vuelto.
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lunes, diciembre 20, 2010
jueves, julio 08, 2010
con
El sexo con ella era maravilloso. Lástima que el de la otra parte del con no fuera quien escribe esta línea.
martes, junio 08, 2010
lunes, mayo 31, 2010
Mirando la pared
Sí, ya sé que debería estar durmiendo, que mañana madrugo, que luego voy zombie todo el santo día y que si pretendo llegar vivo al concierto tendré que enchufarme la máquina de café en la vena, si no seguro que acabo dormido en el vagón de metro dirección a ninguna parte. ¿Pero cómo quieres que duerma si acabo de escuchar a una pareja follar como si estuvieran justo detrás de mi cabeza?
Tengo que sacarme los gritos del orgasmo de ella de mi cabeza, si no no voy a conseguir pegar ojo. Qué tortura, cuando intento olvidarlo vuelve, pero como sexo cercano, sino como una cacofonía que se repite en los rincones más oscuros de mi depravación por definición hambrienta y desesperada. La depravación inherente a mi catalogación como ser humano. El monstruo que nunca dejo salir porque claro, soy una persona normal; lo único que le permito hacer es explayarse en negro sobre blanco. Mirando la pared. Sufriendo el tic-tac del reloj.
La mierda del reloj. La hora. Me doy cuenta de que estoy escribiendo en tiempo real: narrando lo que sucede a mi alrededor como si fuera un periodista contando su día a día entre las trincheras de una guerra no olvidada por puros intereses económicos. No siento nada ahora mismo, tan solo permito que mis dedos se muevan como ellos quieran sobre el teclado y no quiero tampoco pensar en lo de antes, para evitarlo escribo.
Es una mierda.
Lo sé. Lo sabes. Sé que lo sabes. Que lees esto por aburrimiento porque ¿a quién le importan las reflexiones trasnochadas y excitadas por un vecinal polvo paridas por la mente de un picateclas aburrido?
A mí no, por algo las encapsulo y las dejo flotando por el ciberespacio para que alguien las recoja y las lea, y mate así su tiempo, tiempo que de mi sueño he mutado.
Y sin más voy a intentar dormir y no mirar más la pared.
Tengo que sacarme los gritos del orgasmo de ella de mi cabeza, si no no voy a conseguir pegar ojo. Qué tortura, cuando intento olvidarlo vuelve, pero como sexo cercano, sino como una cacofonía que se repite en los rincones más oscuros de mi depravación por definición hambrienta y desesperada. La depravación inherente a mi catalogación como ser humano. El monstruo que nunca dejo salir porque claro, soy una persona normal; lo único que le permito hacer es explayarse en negro sobre blanco. Mirando la pared. Sufriendo el tic-tac del reloj.
La mierda del reloj. La hora. Me doy cuenta de que estoy escribiendo en tiempo real: narrando lo que sucede a mi alrededor como si fuera un periodista contando su día a día entre las trincheras de una guerra no olvidada por puros intereses económicos. No siento nada ahora mismo, tan solo permito que mis dedos se muevan como ellos quieran sobre el teclado y no quiero tampoco pensar en lo de antes, para evitarlo escribo.
Es una mierda.
Lo sé. Lo sabes. Sé que lo sabes. Que lees esto por aburrimiento porque ¿a quién le importan las reflexiones trasnochadas y excitadas por un vecinal polvo paridas por la mente de un picateclas aburrido?
A mí no, por algo las encapsulo y las dejo flotando por el ciberespacio para que alguien las recoja y las lea, y mate así su tiempo, tiempo que de mi sueño he mutado.
Y sin más voy a intentar dormir y no mirar más la pared.
jueves, marzo 04, 2010
zorra
quiero meter mi mano bajo tu falda
empujarte
y llamarte puta
porque lo eres
porque te gusta
quiero meterte los dedos hasta el fondo
y sientas el amor
qué es para mí
qué es para ti
qué es si no
qué es
amarte con dolor
ver mis dedos marcados en
tu culo
zorra
follarte, que es para lo único que vales
no escuchas, no hablas
-no dices nada importante
aunque de tu boca no paran
de escaparse palabras
sin sentido-
no eres nada más
que un coño caliente
que espera su ración de polla
pero que no te mereces
¿qué tienes que ofrecer?
y aun así me miras
con ojos llorosos por el deseo
mis dedos están calados
y tú
¡tú!
tú eres mi perra esta noche
aunque estés vacía
y no me importe
zorra
empujarte
y llamarte puta
porque lo eres
porque te gusta
quiero meterte los dedos hasta el fondo
y sientas el amor
qué es para mí
qué es para ti
qué es si no
qué es
amarte con dolor
ver mis dedos marcados en
tu culo
zorra
follarte, que es para lo único que vales
no escuchas, no hablas
-no dices nada importante
aunque de tu boca no paran
de escaparse palabras
sin sentido-
no eres nada más
que un coño caliente
que espera su ración de polla
pero que no te mereces
¿qué tienes que ofrecer?
y aun así me miras
con ojos llorosos por el deseo
mis dedos están calados
y tú
¡tú!
tú eres mi perra esta noche
aunque estés vacía
y no me importe
zorra
sábado, enero 30, 2010
tímida
mírame a los ojos mientras te follo
dices que eres tímida
que te cuesta mirar a los ojos
pero... joder
estoy encadenado a ellos
cadenciosamente
azules
como los míos, pero
diferentes, como tú y yo:
cartas extrañas
en la misma baraja
trucada
te pido que me mires
te lo pido y me haces caso
pero te cuesta
como si te quemara
y los cierras
y te digo: -ábrelos
me haces caso
pero
poco
me encanta
los vuelves a cerrar
y después me preguntas:
-¿es que nunca cierras tú
los ojos?
-¿para qué?
¿para perderme el espectáculo?
dices que eres tímida
que te cuesta mirar a los ojos
pero... joder
estoy encadenado a ellos
cadenciosamente
azules
como los míos, pero
diferentes, como tú y yo:
cartas extrañas
en la misma baraja
trucada
te pido que me mires
te lo pido y me haces caso
pero te cuesta
como si te quemara
y los cierras
y te digo: -ábrelos
me haces caso
pero
poco
me encanta
los vuelves a cerrar
y después me preguntas:
-¿es que nunca cierras tú
los ojos?
-¿para qué?
¿para perderme el espectáculo?
lunes, enero 11, 2010
Pestañas
Cada una de sus pestañas era como una fina y pequeña cuchilla que me cortaban el alma cada vez que sus párpados caían como sólo ella sabía dejarlos caer. No necesitaba más para arrastrarme a su terreno para después lanzarme en el pozo sin fondo del deseo y ser su títere. Le gustaba sentir dolor, pero sólo cuando nuestros cuerpos luchaban en un tête-à-tête de cuero, látex y piel. Era caprichosa, al igual que las marcas que dejaba en mi cuerpo mientras la vorágine de nervios excitados enterraba su mojigata y habitual forma de ser.
Se ha marchado. Miro la hora: las doce del mediodía. La cabeza me da vueltas después de todo lo que bebí anoche. Los libros están esparcidos por la habitación, hay restos de ceniza. Me pregunto si volveré a verla, y si realmente quiero hacerlo. Estoy muy mal: tengo el cuerpo dolorido y amoratado, y hay restos de sangre en las sábanas. Sé que es de los dos. Puedo olerla todavía. Me excito. Su aroma me recuerda a todo lo que pasó la noche anterior, en cómo la conocí a la salida de la discoteca y acabamos en esta habitación. Fue todo tan rápido que incluso me parece sacado de la fantasía de un pajero quinceañero que lucha por encontrar nuevo material porno en la época de los módems de 56K. Taxi y hasta aquí. Es su habitación. Es su casa. Me levanto y decido darme una ducha.
Miro mi desnudez en el espejo: la barba de tres días, el tatuaje en el hombro derecho, la sangre reseca. Pienso que voy a necesitar una gran excusa que contarle a mi pareja, intento encontrar alguna y acabo decidiendo que lo mejor será contárselo. Ella ya me conoce. Y si se enfada me va a dar igual, tampoco va a pasar nada si la pierdo, así es la vida. Sí, me gusta, creo que se lo diré cuando empiece a insultarme y, quién sabe, a lanzarme cosas.
Me meto en la ducha y abro el grifo. El agua hierve, irritando las heridas. Duele. El dolor me traslada a anoche, a la diosa castigadora que me infligió tanto que me ha hecho perder el norte de mi vida. Cierro los ojos y la veo sobre mí, mirándome y con sonrisa de loca. Es una bestia desbocada, y lo único que hice fue decirle 'hola, ¿nos acostamos?'. Algo tuve que haber despertado sin querer, estas cosas no me pasan nunca y lo que suelo recibir como respuesta son risas o alguna mala mirada; pero no, ella me miró como una poseída por el mismísimo diablo, y entreabrió los labios. La siguiente vez que los entreabrió así fue para morderme el pecho ya sentada sobre mí y herirme.
Pasó la lengua por sus labios cubiertos con mi sangre, esparciéndola. Y luego me besó, y me mordió el labio. Fue salvaje, un ritual animal donde millones de años de evolución se esfumaron triturados bajo el peso del animalismo que nos recorría. La mordí en un pezón y gritó de dolor, y de pasión. Cuanto más sufría, más se excitaba, y más me excitaba yo también. La abofeteé girando su rostro, y al volver a mirarme sus ojos ardían con aún más fuerza. Se lanzó sobre mí, y se sentó exhalando de un golpe los últimos restos de consciencia que le quedaban. Empezamos a movernos al unísono, violentamente. Nos mordíamos, apretábamos, y nos estrangulábamos. Follamos sin parar. Fue salvaje.
No sabría decir si mientras duró me gustó, tengo un recuerdo enfrentado: lo más a lo que puedo asociarlo, y aún así ni de lejos se le asemeja, es lo que puedo vivir en una montaña rusa. Ahora que ya ha pasado lo único que sé es que nada volverá a ser igual. Creo que la amo.
Estoy muy excitado. Dijo que volvería pronto. Salgo de la ducha. Escucho sus llaves y miro hacia la puerta. Sonrío. Es ella, y trae nata.
Se ha marchado. Miro la hora: las doce del mediodía. La cabeza me da vueltas después de todo lo que bebí anoche. Los libros están esparcidos por la habitación, hay restos de ceniza. Me pregunto si volveré a verla, y si realmente quiero hacerlo. Estoy muy mal: tengo el cuerpo dolorido y amoratado, y hay restos de sangre en las sábanas. Sé que es de los dos. Puedo olerla todavía. Me excito. Su aroma me recuerda a todo lo que pasó la noche anterior, en cómo la conocí a la salida de la discoteca y acabamos en esta habitación. Fue todo tan rápido que incluso me parece sacado de la fantasía de un pajero quinceañero que lucha por encontrar nuevo material porno en la época de los módems de 56K. Taxi y hasta aquí. Es su habitación. Es su casa. Me levanto y decido darme una ducha.
Miro mi desnudez en el espejo: la barba de tres días, el tatuaje en el hombro derecho, la sangre reseca. Pienso que voy a necesitar una gran excusa que contarle a mi pareja, intento encontrar alguna y acabo decidiendo que lo mejor será contárselo. Ella ya me conoce. Y si se enfada me va a dar igual, tampoco va a pasar nada si la pierdo, así es la vida. Sí, me gusta, creo que se lo diré cuando empiece a insultarme y, quién sabe, a lanzarme cosas.
Me meto en la ducha y abro el grifo. El agua hierve, irritando las heridas. Duele. El dolor me traslada a anoche, a la diosa castigadora que me infligió tanto que me ha hecho perder el norte de mi vida. Cierro los ojos y la veo sobre mí, mirándome y con sonrisa de loca. Es una bestia desbocada, y lo único que hice fue decirle 'hola, ¿nos acostamos?'. Algo tuve que haber despertado sin querer, estas cosas no me pasan nunca y lo que suelo recibir como respuesta son risas o alguna mala mirada; pero no, ella me miró como una poseída por el mismísimo diablo, y entreabrió los labios. La siguiente vez que los entreabrió así fue para morderme el pecho ya sentada sobre mí y herirme.
Pasó la lengua por sus labios cubiertos con mi sangre, esparciéndola. Y luego me besó, y me mordió el labio. Fue salvaje, un ritual animal donde millones de años de evolución se esfumaron triturados bajo el peso del animalismo que nos recorría. La mordí en un pezón y gritó de dolor, y de pasión. Cuanto más sufría, más se excitaba, y más me excitaba yo también. La abofeteé girando su rostro, y al volver a mirarme sus ojos ardían con aún más fuerza. Se lanzó sobre mí, y se sentó exhalando de un golpe los últimos restos de consciencia que le quedaban. Empezamos a movernos al unísono, violentamente. Nos mordíamos, apretábamos, y nos estrangulábamos. Follamos sin parar. Fue salvaje.
No sabría decir si mientras duró me gustó, tengo un recuerdo enfrentado: lo más a lo que puedo asociarlo, y aún así ni de lejos se le asemeja, es lo que puedo vivir en una montaña rusa. Ahora que ya ha pasado lo único que sé es que nada volverá a ser igual. Creo que la amo.
Estoy muy excitado. Dijo que volvería pronto. Salgo de la ducha. Escucho sus llaves y miro hacia la puerta. Sonrío. Es ella, y trae nata.
viernes, septiembre 25, 2009
como tú
Mirarte y sonreír,
cerrar los ojos y sentir
con la yema de los dedos tu piel,
rozarla casi sin querer,
rebuscar en tus mejillas,
en tus labios el calor, la humedad.
mordisquear el lóbulo y notar
el pendiente
entre los dientes,
morder
hasta que el placer
se asemeje al dolor
y bajar por tu cuello el calor
con la punta de la lengua,
bajar a cámara lenta
buscando tus pezones,
irresistibles dones,
que se resisten erizados
a no acabar olvidados.
suben, se estiran.
se retuercen. gritan.
no quieren parar.
no quieren olvidar.
quieren sentir,
seguir,
gemir,
vivir,
morir.
¡morir!
como tú.
cerrar los ojos y sentir
con la yema de los dedos tu piel,
rozarla casi sin querer,
rebuscar en tus mejillas,
en tus labios el calor, la humedad.
mordisquear el lóbulo y notar
el pendiente
entre los dientes,
morder
hasta que el placer
se asemeje al dolor
y bajar por tu cuello el calor
con la punta de la lengua,
bajar a cámara lenta
buscando tus pezones,
irresistibles dones,
que se resisten erizados
a no acabar olvidados.
suben, se estiran.
se retuercen. gritan.
no quieren parar.
no quieren olvidar.
quieren sentir,
seguir,
gemir,
vivir,
morir.
¡morir!
como tú.
miércoles, julio 01, 2009
La primera
No sabía lo que quería, tampoco quería lo que sabía ---se dijo mientras miraba el pequeño espejo con restos de cocaína situado sobre la mesilla de noche, más allá del cuerpo que dormía bocaabajo caprichosamente cubierto por una sábana---. Solo cuando despertaba y antes de la primera dosis la voz de su consciencia, muy similar a la de su padre, le recordaba el caos en el que se había convertido su vida. Tenía que acallarla. No dudó en aplastar con sus manos a la mujer dormida ---como se entere su novio me mata, pensó--- que respondió con un grito.
-¿Qué quieres, gilipollas?
-¿Qué quieres, gilipollas?
jueves, abril 16, 2009
Sophie
Sophie... mi Sophie, crupier del palo de corazones, si me vieras aquí sentado acordándome de ti; somos tan diferentes, tú... hermosa como una estatua griega, lástima que de todo lo que te pusieron en el cuerpo no hubieran resevado al menos un poquito para metértelo en la cabeza. Joder, tan solo quería conocerte, hablar contigo y escucharte, no limitarme a follarte como un objeto, como todos esos que te ponen como una perra. Yo quería hacerte el amor lentamente, explorar las intimidades de tu cuerpo y redescubrir la sensualidad de los pequeños gestos, las caricias que, casi sin querer, erizan la finísima piel que recubre tus huesos. Ahora lo único que acaricio es el borde de un vaso vacío con el poso del café resecado por el paso de los días sobre la mesa, acompañando otros con otros contenidos, con otros matices y gustos dejados en el paladar. Del alcohol puedo extraer sensaciones intensas, brutales, eléctricas, que me hacen revivir el olor de tu pelo, la sinuosidad de tus curvas; el sabor del café me recuerda las noches que pasamos en vela, de los claroscuros de tus carnosos labios entreabiertos, labios que invitaban más a una sesión de sexo salvaje antes que a lo que yo quise darte.
La gente no cambia. Tan solo van rotando las máscaras. Y yo te creí, creí tu disfraz y pensé que una diosa del sexo regalaría fuego al hielo de mi paranoica cabeza; las únicas llamas que conoces, para tu desgracia, son las del dinero. A mí se me acabó, y te marchaste. Como todas las diosas del sexo, como todas las estatuas griegas que he conocido: interés. Será que soy idiota y esperé algo más, ahora el silencio se apoderará de tu lado de la cama hasta que encuentre otra, vuelva a creerme sus mentiras y acabe igual, no peor ya que, como comprenderás, estoy acostumbrado. Quizá te escriba una canción, un poema, o un relato de treinta líneas donde acordarme de ti y de cómo clavaste tus avariciosos dientes en unas dentelladas ya marcadas. Esta noche un bourbon a tu salud y a seguir riendo, mañana me acordaré de ti, dentro de veinte años no lo sé, espero que no acabes casada con un rico gilipollas que te tiene de jarrón mientras te acuestas con críos veinte años menores que tú para poder encontrar algo del cariño que desperdiciaste cuando estabas como un tren y sólo querías follar como si fueras un tío.
Cada uno tiene sus prioridades (y ahora, tú no lo eres).
La gente no cambia. Tan solo van rotando las máscaras. Y yo te creí, creí tu disfraz y pensé que una diosa del sexo regalaría fuego al hielo de mi paranoica cabeza; las únicas llamas que conoces, para tu desgracia, son las del dinero. A mí se me acabó, y te marchaste. Como todas las diosas del sexo, como todas las estatuas griegas que he conocido: interés. Será que soy idiota y esperé algo más, ahora el silencio se apoderará de tu lado de la cama hasta que encuentre otra, vuelva a creerme sus mentiras y acabe igual, no peor ya que, como comprenderás, estoy acostumbrado. Quizá te escriba una canción, un poema, o un relato de treinta líneas donde acordarme de ti y de cómo clavaste tus avariciosos dientes en unas dentelladas ya marcadas. Esta noche un bourbon a tu salud y a seguir riendo, mañana me acordaré de ti, dentro de veinte años no lo sé, espero que no acabes casada con un rico gilipollas que te tiene de jarrón mientras te acuestas con críos veinte años menores que tú para poder encontrar algo del cariño que desperdiciaste cuando estabas como un tren y sólo querías follar como si fueras un tío.
Cada uno tiene sus prioridades (y ahora, tú no lo eres).
martes, abril 07, 2009
El banco del cementerio
"¿Qué se debe oír ahí dentro?", murmuro entre dientes. Estoy sentado en uno de los bancos frente a las hileras repletas de cadáveres en descomposición de lo que antes fueron personas como tú, como yo. Aquí fuera, aun en silencio, es fácil escuchar a los pájaros o el ronroneo de alguno de los gatos que vienen atraídos por mi presencia, ¿y ahí?, madera, clavos, gusanos devorando músculos, tendones y arterias hasta dejar los huesos que más pronto que tarde acabarán en un osario perdiendo su identidad. El cementerio es un lugar mágico, por alguna de las calles que hay a mi alrededor están enterrados mis abuelos, mis bisabuelos y sus vidas, y yo no sé si acabaré aquí, quemado u olvidado en alguna cuneta. Olvidado como ellos. ¿Y si resulta que al ser enterrado no estás muerto y abres los ojos y no ves nada? Todo negro, joder, recuerdo las historias que escuché sobre casos como ése y se me pone la piel de gallina al imaginarme con las uñas reventadas de tanto rascar, y la garganta rota de tanto gritar; pero por suerte es virtualmente imposible acabar así (por si acaso me tatuaré en el pecho: "si aparezco muerto pégenme un tiro, no sea que resucite"). Prefiero pensar en el silencio de la muerte, que convierte amores, heridas, odios y vendettas en lo mismo: en nada. Es un lugar tranquilo, y suelo venir cuando el estrés puede conmigo; sé que aquí nadie va a venir a molestarme. De vez en cuando me cruzo con viejas penitentes que arrastran tras de sí kilogramos de recuerdos y pecados, yendo a honrar a sus muertos, viviendo del pasado. Como el escritor que se da cuenta de que siempre escribe sobre lo mismo aunque cambien sus personajes, sus historias y la tinta de sus bolígrafos; hay que regar las flores, limpiar las lápidas y rezar por los que ya no están, al menos no pusieron flores de plástico para aparentar que sienten algún interés por recordar al fallecido, en explotar ese amor caradura que consiste en usar un trozo de mármol como valla publicitaria con un enorme "siempre nos acordaremos de ti" escrito en plata sobre negro. Alguna vez he pensado en cómo sería traerme una prostituta y hacerlo sobre las tumbas. Hay gente a quien eso le pone, yo siento escalofríos; los muertos con los muertos y los vivos con los vivos, soy de la extraña opinión de que mezclar burdeles con cementerios nunca será algo morboso, por muy decadente y grotesco que pudiera suponer ver la vieja puta, que me empeñaría en llamar Iris (métete mi polla en la boca, Iris, métetela hasta que te pongas morada y no puedas respirar), cuanto más toxicómana y más al borde de la muerte mejor, que susurraría "sí papito, hagámoslo" sin que pudiera ocultar una cara de asco por llegar hasta tal punto de perversión moral. Sus muslos estarían temblorosos, demacrados por la mala alimentación y su boca pintarrajeada de mala manera, justo como le pediría que hiciera si... pero no, no lo he hecho y no creo que lo haga. ¿O sí? Joder, que soy de los que respetan a los muertos y les pido consejo, que hoy todavía no he empezado a beber.
Sigo sobrio, en silencio, no hay ni siquiera un gato cerca, pero algunas bandadas de pájaros vuelan a lo alto y otros cantan. Creo que están ligando, intentando echar algún polvo para desahogar sus deseos más animales. Polvos reales, no como los polvos muertos que llevo encima y que yo mismo maté estrangulándolos con los cordones de mis zapatos. Por eso vine aquí, para velar por los polvos que no eché y que todavía no han enterrado (son míos, son yo, y conmigo acabarán) junto con las bocas que no mordí, los coños que no comí ni penetré y con los "buenos días" que no escuché. Como el que supongo acompañaría a la chica que tenía una sonrisa que era capaz de hacerme olvidar madrugones, enfados, discusiones... incluso mis propias depravaciones y mi nombre. Si supiera lo que pienso que haría si trajera a una ramera a este lugar, por suerte no me puede leer los pensamientos. Su número de teléfono se refleja en mis pupilas desde la pantalla del cacharro que sostengo en mi mano, hace tanto tiempo que no la veo que ella es el motivo por el que he venido hasta aquí para poder reflexionar. Tengo su número de teléfono y su nombre en la pantalla del móvil, y en mi cabeza la misma puta sonrisa que me ha hecho fracasar en tantas ocasiones y que es lo primero que me viene a la cabeza cuando, por lo que sea, algo me la recuerda: es difícil encontrar una repetición de lo irrepetible. Aprieto el botón de llamada y espero...
"¿Hola?, sí, soy yo..."
...un rato después cuelgo, busco a tientas el cuaderno y el bolígrafo mientras miro la hilera de lápidas y pienso en qué frase escribir: si "¿qué se debe oír ahí dentro?" o "tiene razón el que dijo que las cosas ocurren dos veces, una como tragedia y otra como farsa".
Sigo sobrio, en silencio, no hay ni siquiera un gato cerca, pero algunas bandadas de pájaros vuelan a lo alto y otros cantan. Creo que están ligando, intentando echar algún polvo para desahogar sus deseos más animales. Polvos reales, no como los polvos muertos que llevo encima y que yo mismo maté estrangulándolos con los cordones de mis zapatos. Por eso vine aquí, para velar por los polvos que no eché y que todavía no han enterrado (son míos, son yo, y conmigo acabarán) junto con las bocas que no mordí, los coños que no comí ni penetré y con los "buenos días" que no escuché. Como el que supongo acompañaría a la chica que tenía una sonrisa que era capaz de hacerme olvidar madrugones, enfados, discusiones... incluso mis propias depravaciones y mi nombre. Si supiera lo que pienso que haría si trajera a una ramera a este lugar, por suerte no me puede leer los pensamientos. Su número de teléfono se refleja en mis pupilas desde la pantalla del cacharro que sostengo en mi mano, hace tanto tiempo que no la veo que ella es el motivo por el que he venido hasta aquí para poder reflexionar. Tengo su número de teléfono y su nombre en la pantalla del móvil, y en mi cabeza la misma puta sonrisa que me ha hecho fracasar en tantas ocasiones y que es lo primero que me viene a la cabeza cuando, por lo que sea, algo me la recuerda: es difícil encontrar una repetición de lo irrepetible. Aprieto el botón de llamada y espero...
"¿Hola?, sí, soy yo..."
...un rato después cuelgo, busco a tientas el cuaderno y el bolígrafo mientras miro la hilera de lápidas y pienso en qué frase escribir: si "¿qué se debe oír ahí dentro?" o "tiene razón el que dijo que las cosas ocurren dos veces, una como tragedia y otra como farsa".
jueves, febrero 26, 2009
¡Espera!
Unas velas de tenue intensidad
se consumen entre cortinas translúcidas
e imposibles esculturas de humo.
Sé que estás ahí, te escucho:
tu voz baila con el piano
que llega a través de la puerta entreabierta.
Ven, no necesito contemplar
tu anatómica sensualidad;
sin embargo lo prefiero.
Solo tú eres color (hoy, ¿mañana?)
en el gris medianoche
de esta sórdida habitación alquilada.
¡Espera!
No te quites la blusa,
no todavía, déjame ver tus pechos
luchando por esconderse
tras tu largo cabello azabache,
tras la fina tela.
Tras tus pezones enhiestos.
se consumen entre cortinas translúcidas
e imposibles esculturas de humo.
Sé que estás ahí, te escucho:
tu voz baila con el piano
que llega a través de la puerta entreabierta.
Ven, no necesito contemplar
tu anatómica sensualidad;
sin embargo lo prefiero.
Solo tú eres color (hoy, ¿mañana?)
en el gris medianoche
de esta sórdida habitación alquilada.
¡Espera!
No te quites la blusa,
no todavía, déjame ver tus pechos
luchando por esconderse
tras tu largo cabello azabache,
tras la fina tela.
Tras tus pezones enhiestos.
jueves, enero 01, 2009
Sin variaciones
-Otra nochevieja sin follar.
-Ya ves. ¿Tú le das mucha importancia al sexo, verdad?
-No... ¡es que estoy harto de resacas!
-Ya ves. ¿Tú le das mucha importancia al sexo, verdad?
-No... ¡es que estoy harto de resacas!
jueves, diciembre 25, 2008
En silencio
Clávame las uñas en mi piel,
muérdeme, márcame con tus dientes
y deja las caricias de los labios
para otro momento.
Haz que tu aliento empañe mi deseo
hasta volverlo opaco;
muévete y sé consciente de que
todo cuanto hagas
yo te lo recompensaré por mil.
Olvida quién eres y lo que eres,
olvida tu nombre,
olvida que tu corazón late
y que hasta hace un momento
lo único que te vestía
eran las lágrimas.
Olvida ayer y mañana,
olvida tu cara, tu cuerpo,
tus cadenas
(salvo las que, si eres
mala,
te retendrán)
y muévete, que no estás muerta.
Envuélveme como solo tú sabes,
ahógame, estrangúlame con tus entrañas,
pero recuerda la única máxima:
siempre en silencio, que no somos animales.
muérdeme, márcame con tus dientes
y deja las caricias de los labios
para otro momento.
Haz que tu aliento empañe mi deseo
hasta volverlo opaco;
muévete y sé consciente de que
todo cuanto hagas
yo te lo recompensaré por mil.
Olvida quién eres y lo que eres,
olvida tu nombre,
olvida que tu corazón late
y que hasta hace un momento
lo único que te vestía
eran las lágrimas.
Olvida ayer y mañana,
olvida tu cara, tu cuerpo,
tus cadenas
(salvo las que, si eres
mala,
te retendrán)
y muévete, que no estás muerta.
Envuélveme como solo tú sabes,
ahógame, estrangúlame con tus entrañas,
pero recuerda la única máxima:
siempre en silencio, que no somos animales.
jueves, diciembre 11, 2008
...es que tengo novio
-...es que tengo novio.
La hija de puta se lo podría haber callado. No era necesario entrar en detalles escabrosos para quitarme de en medio. Le bastaba con haberme dicho: no me interesas, lárgate. Sus sucias palabras me envolvieron como el olor a muerte de una celda de castigo de cualquier prisión marroquí. Me sentí herido, aturdido, nunca he sabido reaccionar bien a una frase que suena más a excusa barata que a realidad.
Mi única intención era, y sigue siendo, follármela. No era necesario llegar a mayores, que me quería acostar con ella, no con su novio. La miré a los ojos, después al pecho con intención de despedirme de él, volví a los ojos y comprendí, por fin (a veces soy algo duro de entendederas, sobre todo cuando me cuesta mirar durante mucho rato a la cara de una chica) que estaba perdiendo el tiempo con ella. Ya me avisó mi sentido común: "vico, no vale la pena, por muy grandes que tenga las tetas esta chavala solo te va a traer dolores de cabeza". No le hice caso, y por eso tuve que tragarme mi orgullo con ella. Y no hay trago más amargo que el del orgullo mal fermentado.
Le contesté único que podía contestar en una situación así: "vete a cagar". Se lo merecía. No entiendo por qué se enfadó tanto.
La hija de puta se lo podría haber callado. No era necesario entrar en detalles escabrosos para quitarme de en medio. Le bastaba con haberme dicho: no me interesas, lárgate. Sus sucias palabras me envolvieron como el olor a muerte de una celda de castigo de cualquier prisión marroquí. Me sentí herido, aturdido, nunca he sabido reaccionar bien a una frase que suena más a excusa barata que a realidad.
Mi única intención era, y sigue siendo, follármela. No era necesario llegar a mayores, que me quería acostar con ella, no con su novio. La miré a los ojos, después al pecho con intención de despedirme de él, volví a los ojos y comprendí, por fin (a veces soy algo duro de entendederas, sobre todo cuando me cuesta mirar durante mucho rato a la cara de una chica) que estaba perdiendo el tiempo con ella. Ya me avisó mi sentido común: "vico, no vale la pena, por muy grandes que tenga las tetas esta chavala solo te va a traer dolores de cabeza". No le hice caso, y por eso tuve que tragarme mi orgullo con ella. Y no hay trago más amargo que el del orgullo mal fermentado.
Le contesté único que podía contestar en una situación así: "vete a cagar". Se lo merecía. No entiendo por qué se enfadó tanto.
sábado, noviembre 22, 2008
La cena

Me dejo llevar por la corriente, flotando dentro de una pequeña caja de zapatos. La maraña eterna que es tu pelo, caótico y enredado, se derrama sobre mí atrapándome. Quedo enterrado bajo su peso. Me resisto. Forcejeo sabiendo que lo único que puedo conseguir es acabar como un simple adorno más en tu melena. Me deslizo lentamente como una gota de agua por entre los pocos mechones libres que te quedan, expandiéndome para envolverte. ¿Qué pensabas, que no sé jugar? La ropa va deslizándose atraída por la gravedad. Tu piel desnuda es un mapa muy fácil de leer con los dedos: necesidad, carencia, fuego secuestrado. Eres transparente a través los labios que, encendidos, intentan morderme: pretenden castigarme. Parece todo tan fácil, nos dejamos llevar por tus latidos, atándonos a través de palabras pronunciadas con contacto físico. Recorro el Valle de los Reyes coronado por tus pezones rosados extendidos hacia el cielo debido al arco que es ahora tu espalda. Te estremeces cuando los profano con mis afilados dientes.
Dejo atrás el ombligo, tan sensual a desde su contraluz como la mirada que se esconde tras tus párpados relajados. Con la lengua empiezo a abrir tu piel, como el bisturí que sin piedad continúa su lento avance, lento pero seguro, buscando revelar al mundo los secretos que se esconden tras los primeros velos. Tus entrañas no tienen secretos para mí aunque hasta hace cinco minutos ni te conocía, a tientas me sumerjo hasta tu corazón en pie de guerra, expectante. Pinceladas de saliva a interavalos irregulares: no es el contacto, sino la ausencia de él lo que incendia las fantasías. La incertidumbre como amante descarnada.
-¡Fóllame ya! -gritas, incapaz de controlar el orgasmo que se desencadena desde tu entrepierna.
Lucho contra los movimientos eléctricos de tu cadera, me alimento de ti hasta llevarte a la extenuación sin siquiera dejarte un segundo para recuperar el aliento, no es mi intención dejar que seas consciente de tu nuevo lugar en la cadena trófica. Aún no lo has entendido: yo soy un vampiro y tú mi cena.
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La imagen la he robado de aquí. Ahora soy bueno y pongo mis fuentes.
lunes, noviembre 17, 2008
Hiperconsciencia

La sensación de superioridad,
de seguridad,
el saberse inmortal, inalcanzable
por el caprichoso dedo del destino,
hace que mi corazón aúlle.
La inconsciencia.
La hiperconsciencia.
Los deseos esparcidos queman sobre las
sonrisas
de todas las complacientes señoritas
de compañía,
interesadas por algo que creen,
una ilusión tan fácil de construir.
Seducción.
La velocidad en la cara,
las luces huyendo, la luna tras la
lluvia más allá de la luna.
La música late a todo volumen.
La química corre desbocada en la cabeza.
Todo soy yo. Yo soy todo.
Una rubia de mil nombres
busca algo en mi piel. Sé qué es.
Tengo cocaína en la clavícula.
Su nariz... la desea.
Yo la deseo.
Acelero.
Esta noche me la follaré
con el corazón en la garganta.
-Te quiero -miente.
Su mano desciende por mi pecho...
...me busca.
Dos cadáveres, dos muertos.
Dos animales llevados por la pasión.
Acelero.
Espero que Mefistófeles
no se acuerde de mí esta noche.
viernes, octubre 03, 2008
Tinta seca

"Hay días en el que el papel
aparece mejor blanco,
la tinta no quiere
esparcirse en él.
Hoy no escribo." *
Veo tus ojos cansados de mirar.
Oigo tu voz cansada de gritar.
Noto tu corazón cansado de esperar
respuestas a preguntas sin sentido.
Alarmas que olvidaron cantar,
dudas similares a "¿me ha mentido?"
Estás triste, confiesas soledad, malestar,
mientras yo, egoístamente,
apuro una cerveza caliente.
No creas que no me importas,
no es eso, más bien al revés;
dices que las tías sois tontas,
"vamos de traspiés en traspiés".
Que te jodan, te dejas follar
y luego vienes aquí a llorar,
¿Qué esperas? ¿Es que esperas?
¿Has dicho amor? ¿He oído bien?
Pensaba, sinceramente, que eras
más sabia, con algo entre tras la sien.
Ven aquí, no te vistas todavía,
aún falta mucho para que sea de día.
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* Al final, N, me llegó la inspiración, te dije que te plagiaría y bueno, ahí está. Un saludo.
domingo, agosto 10, 2008
Dios

Mirar de reojo,
encontrar de casualidad
aquello que no es para mí.
Sonreír y ver desaparecer
el contexto, el entorno,
los colores.
Un punto,
un minúsculo espacio secreto.
Todas las religiones se basan
(lo que ellos digan es
mentira)
en Él. Porque Él es Dios,
el alfa y el omega,
el principio y el fin,
de donde vengo y a donde voy (deseo).
Todo bajo su mirada
cómplice,
tan cerca y a la vez
tan lejos
de su amante realidad de simplicidad envoltoria.
Él es para mí, para mis ojos,
un regalo del cielo.
Inalcanzable, sin embargo...
...ahí está...
...al descubierto...
...en todo su esplendor...
...las piernas separadas, minifalda...
...y sin bragas.
miércoles, julio 23, 2008
Sacerdotisa
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