He vuelto.

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lunes, diciembre 29, 2008

Gris


Café, tostadas

con un chorrito de aceite

y sal, sobras de anoche

aderezadas con 600 mg

de ibuprofeno para

las agujas del lóbulo frontal.

Hace frío, llueve afuera,

hoy va a ser un día gris;

gris como el silencio que

sólo se rompe con el tintineo

de la cuchara en la tacita blanca.

Es afilado, y atraviesa el córtex

como si fuera mantequilla:

otra herida que tardará en cerrar.

Saca el badajo de la campana con cuidado

y lo deja sobre el plato,

donde corresponde,

donde no rompe el orden;

no sea que el caos le recuerde

que una de las dos sillas

sigue vacía, como ayer,

como antesdeayer,

como desde cuando dijo:

"¡eres tan gris como un día de lluvia,

no lo soporto más, necesito sol!"

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Foto robada de aquí

jueves, diciembre 25, 2008

En silencio

Clávame las uñas en mi piel,

muérdeme, márcame con tus dientes

y deja las caricias de los labios

para otro momento.

Haz que tu aliento empañe mi deseo

hasta volverlo opaco;

muévete y sé consciente de que

todo cuanto hagas

yo te lo recompensaré por mil.

Olvida quién eres y lo que eres,

olvida tu nombre,

olvida que tu corazón late

y que hasta hace un momento

lo único que te vestía

eran las lágrimas.

Olvida ayer y mañana,

olvida tu cara, tu cuerpo,

tus cadenas

(salvo las que, si eres

mala,

te retendrán)

y muévete, que no estás muerta.

Envuélveme como solo tú sabes,

ahógame, estrangúlame con tus entrañas,

pero recuerda la única máxima:

siempre en silencio, que no somos animales.

martes, diciembre 09, 2008

Silencio



...silencio...

Joder, se me ha acabado la inspiración.

Lo que parecía tan fácil ahora es...

Ni abriéndome el estómago con

un cuchillo de caza

encuentro dónde se esconden

las musas.

(¿y si las asusté

con semejante barbaridad?)


Hay demasiado ruido alrededor,

tanto que las gotas acaban

por romperse en mil pedazos

a medida que descienden por

el rostro fugándose

a través de incipientes arrugas.

Llueve tras las paredes de hueso;

todo está empapado.

Rebusco entre el

estómago, el hígado,

astillas emocionales,

y recuerdos de sabor agridulce:

nada.

Solo gotas de lluvia que han anegado

llanuras, estepas y ruinas

de una vida mejor

(cuando el vientre de la madre era

algo más que un simple tema de conversación),

espero que escampe pronto,

antes de que me acostumbre al

agrio sabor de la incapacidad.
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(Imagen extraída de aquí)