Corren alacranes por debajo de mi piel. Los músculos están tensos, esperando algo que no llega: una descarga, una voz, un disparo que me atraviese y me rompa en dos mitades que a su vez empiecen a deshacerse al contacto de sus entrañas con el aire, para fundirme, hundirme en el aire, desaparecer.
Y renacer como una bola de fuego que empieza a arder a mi voluntad, porque yo soy eso mismo, igual que tú, igual que la mierda que se arrastra y adopta forma humana, se pone traje y se presenta a las elecciones, gana, gobierna y se reproduce mediante imantación: junta más como él, les da su cara de mierda, les pone el uniforme del partido y le nombra sucesor a dedo.
Yo también me reproduzco por imantación.
Pero para ello debo abandonar mi cuerpo físico, ser atravesado por una bala de burocracia y de silencio, mientras tú te quedas ahí, viendo humear tu arma. Porque tú eres burocrática: a base de plazos, formularios, facturas. A eso se reduce la civilización occidental. No hay más.
Los pájaros corren por el suelo, han olvidado volar. Eso ha quedado reservado a los insectos, pero para ello necesitan usar la piel humana como pista de aterrizaje. Por eso les han gravado el derecho a cutis con un impuesto del veinte por ciento. Encima se quejan, recuerdo el caso de un enorme mosquito que, debido a su sobrepeso, cuentan algunos que llegó a los cien kilos de carne de nematócero de primera calidad; necesitaba la espalda de una puta arqueando la espalda mientras es penetrada para poder despegar, y debido a que la prostitución es algo ilegal éste, además de pagar el impuesto, debía abonar una multa. No se quejaba por la multa, puesto que se alimentaba de cuerpos desnudos, le venía de perlas el sexo humano para encontrar víctimas distraídas y agotadas, sino por los impuestos que pagaba. Creo que ahora es ministro de finanzas del nuevo estado. Pero eso no tiene importancia.
Y no lo tiene porque tú estás en la misma situación que yo. Porque también vas a explotar. Porque te consumes, lo veo en tus ojos. Lo veo en tus músculos tensos.
Y todo esto para probar una conexión a internet.
He vuelto.
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martes, septiembre 21, 2010
lunes, diciembre 14, 2009
Intestinos
Es como si las tripas empezaran a retorcerse, a girar dentro de la barriga, antes de la columna, y quisieran salir en dirección opuesta a la que imaginas. Con vida propia, retorciéndose de dolor, y con ellas yo, y con ellas los colores, que cambian a color tripa retorcida, dibujándose en bocas que hablan.
-No puedes escribir. No puedes crear.
Y se repite. Se repite. Y respiran, lo oigo, su cadencia es mi cadencia, en el delirio, y el el frío, que arde en contraste con el gusano que ahora son mis intestinos que empiezan a salir a través de mi ombligo. Intento retenerlos dentro, no puedo. Quisiera tener un machete para cortarlo y que la cabeza del gusano cayera, sus afilados dientes en su boca circular me acojonan, y sus ojos rojos, vacíos, sin vida, me observan. Mis manos lo envuelven, intento estrangularlo, pero continúa saliendo llenándolo todo de sangre. A borbotones.
-Eso es lo único que puede salir de ti. Mierda y gusanos.
-Que te jodan -contesto.
El gusano sale, y me envuelve. Me asfixia él a mí, está en mi cuello, en mi cara, me cubre los ojos y su textura gelatinosa, como a baba de caracol me envuelve. Es asqueroso. Quiero vomitar, pero no puedo. Me mareo, bordeo la pérdida de consciencia.
Me despeja el violento golpe del gusano contra mi boca y mis dientes, reventándolos; reventando la mandíbula. Baja a toda velocidad por mi garganta, siento que me desgarra el esófago, destroza el estómago, y mis entrañas se esparcen por toda la habitación. Lo único que queda de mí es medio cráneo, que sobrevive lo suficiente como para ver mis vísceras por todas partes, sangre, y un enorme gusano reptando hacia algo que se parece a mi corazón, con la boca abierta. Está hambriento.
"La verdad, no envidio a Mónica Lewinsky." Vaya mierda de último pensamiento.
-No puedes escribir. No puedes crear.
Y se repite. Se repite. Y respiran, lo oigo, su cadencia es mi cadencia, en el delirio, y el el frío, que arde en contraste con el gusano que ahora son mis intestinos que empiezan a salir a través de mi ombligo. Intento retenerlos dentro, no puedo. Quisiera tener un machete para cortarlo y que la cabeza del gusano cayera, sus afilados dientes en su boca circular me acojonan, y sus ojos rojos, vacíos, sin vida, me observan. Mis manos lo envuelven, intento estrangularlo, pero continúa saliendo llenándolo todo de sangre. A borbotones.
-Eso es lo único que puede salir de ti. Mierda y gusanos.
-Que te jodan -contesto.
El gusano sale, y me envuelve. Me asfixia él a mí, está en mi cuello, en mi cara, me cubre los ojos y su textura gelatinosa, como a baba de caracol me envuelve. Es asqueroso. Quiero vomitar, pero no puedo. Me mareo, bordeo la pérdida de consciencia.
Me despeja el violento golpe del gusano contra mi boca y mis dientes, reventándolos; reventando la mandíbula. Baja a toda velocidad por mi garganta, siento que me desgarra el esófago, destroza el estómago, y mis entrañas se esparcen por toda la habitación. Lo único que queda de mí es medio cráneo, que sobrevive lo suficiente como para ver mis vísceras por todas partes, sangre, y un enorme gusano reptando hacia algo que se parece a mi corazón, con la boca abierta. Está hambriento.
"La verdad, no envidio a Mónica Lewinsky." Vaya mierda de último pensamiento.
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