He vuelto.

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lunes, mayo 31, 2010

Mirando la pared

Sí, ya sé que debería estar durmiendo, que mañana madrugo, que luego voy zombie todo el santo día y que si pretendo llegar vivo al concierto tendré que enchufarme la máquina de café en la vena, si no seguro que acabo dormido en el vagón de metro dirección a ninguna parte. ¿Pero cómo quieres que duerma si acabo de escuchar a una pareja follar como si estuvieran justo detrás de mi cabeza?
Tengo que sacarme los gritos del orgasmo de ella de mi cabeza, si no no voy a conseguir pegar ojo. Qué tortura, cuando intento olvidarlo vuelve, pero como sexo cercano, sino como una cacofonía que se repite en los rincones más oscuros de mi depravación por definición hambrienta y desesperada. La depravación inherente a mi catalogación como ser humano. El monstruo que nunca dejo salir porque claro, soy una persona normal; lo único que le permito hacer es explayarse en negro sobre blanco. Mirando la pared. Sufriendo el tic-tac del reloj.
La mierda del reloj. La hora. Me doy cuenta de que estoy escribiendo en tiempo real: narrando lo que sucede a mi alrededor como si fuera un periodista contando su día a día entre las trincheras de una guerra no olvidada por puros intereses económicos. No siento nada ahora mismo, tan solo permito que mis dedos se muevan como ellos quieran sobre el teclado y no quiero tampoco pensar en lo de antes, para evitarlo escribo.
Es una mierda.
Lo sé. Lo sabes. Sé que lo sabes. Que lees esto por aburrimiento porque ¿a quién le importan las reflexiones trasnochadas y excitadas por un vecinal polvo paridas por la mente de un picateclas aburrido?
A mí no, por algo las encapsulo y las dejo flotando por el ciberespacio para que alguien las recoja y las lea, y mate así su tiempo, tiempo que de mi sueño he mutado.
Y sin más voy a intentar dormir y no mirar más la pared.