He vuelto.

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jueves, agosto 30, 2012

Tango

Veinticuatro de mayo. Acabo cantando un tango a tanto
del bedel que entre el estertores precoces esconde su
aliento abierto de par en par como sus tripas y la risa
invalida y archiva el terror que ostento en los dedos
con mi cuchillo de caza y raza es lo que esa carnaza
abraza para fingir sobrevivir a la situación de excepción
sin opción de acción u omisión para salir y vivir y
volver a reír porque sí, porque es mala suerte, ¡qué
mala muerte! Descuartizado por un perturbado enajenado
que sabe algo del bedel y es que él es del PP y como si es
del frente de enfrente, la ley es dura, pero es la ley, y si
abrazo con renuencia la violencia sin inocencia ni excelencia
es porque debe ocurrir, debe morir. Acallo la
casta a tajos y rajo su bajo vientre y con éste son veinte
y enciende la lámpara y dispara la cámara y salva su alma,
¡sálvala!,
que sirva de escarmiento, no miento, que su ejecución
sea el aterrador alimento del cupo de corruptos sin luto
ni susto en su avaricia y su estulticia y que han llevado
a tantos a la intermitencia de la indigencia en la existencia
sin resistencia de la querencia a la urgencia de la excedencia
a las puertas del supermercado (pero que nadie después se
haga el engañado que aquí todos hemos cobrado y tragado).

jueves, julio 26, 2012

Guillotina

Si el lirismo de un Cristo esquisto pido atisbo el mismo abismo frío
en la hora nona con la soga tosca, celosa, hosca, melosa;
río, silbo y miro: sigo al mismo tío que maté al blandir al calor azul
los mil grados centígrados. 
Palmaré de una pieza. Robespierre me espera.
Soy de los suyos aunque intuyo que siendo difunto
joven, perfecto me veo en su credo entero un efebo repleto de sesgo.
¡Guillotina, si nos miras dinos finas ironías incoativas!

lunes, marzo 07, 2011

Sun-Tzu no me conoce

¿Vale para algo apostar a negro cuando sabes que el rojo es el color dominante?
No quiero pensar en ello, y muevo mis fichas sobre el viejo tablero de la ruleta.
Que gire, no me importa el resultado,
he llegado a un punto donde lo único que me importa es mover las fichas.
Se marcharán, llegarán otras y las morderé como hago siempre con las monedas de oro.

Deja que me beba otra cerveza.

Ella no dejaba de mirarme, reprobaba mi comportamiento,
sin embargo en el gusto de la ruina es donde encuentro la llave que vendí.
-Quítamela -le dije cuando cobré mi premio, orgulloso y altanero-,
quítamela si realmente crees que en el juego no se encuentra
la única posibilidad de encontrar algo real en esta hipocresía que me viste
y de la que tú también eres parte.
Palideció.
Ojalá se hubiera dejado llevar cuando se lo indiqué,
simplemente con que no hubiera luchado contra sus impulsos habría bastado.