He vuelto.

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jueves, julio 12, 2012

Esclavo del verbo

Llevaba varios días pensando en escribir algo, en reactivar el blog. Tenía la esperanza de que, como dirían los cursis y los poetas, las musas vendrían y me susurrarían al oído palabras para insuflar eso que llaman talento provocando una reacción en cadena de versos libres, caóticos y borderliners que suelo parir. Desde luego no destaco por mi inteligencia.
Soy esclavo de las palabras, ¿por qué espero a que lleguen cuando me tienen encadenado y son las que restringen el mundo? No tengo más que observar un poco a mi alrededor y reconocer que hoy seré más pobre que ayer porque alguien pronunció las palabras "subida del IVA", que seré más fracasado que ayer porque otro me dijo que me daré una hostia con el proyecto que estoy desarrollando. Cada vez que alguien interactúa conmigo desencadena órdenes, o mensajes con mayor o menor carga emocional; cuyo fin único es el de esclavizarme. Interacción social lo llaman. Es normal. Comparados con los animales, que solo poseen algo parecido a un presente de indicativo nosotros los humanos nos comunicamos con pretéritos, volitivos, percepciones, intuiciones, deformaciones. Metáforas. Elipsis. La comunicación verbal que, como dicen los expertos, es en torno al siete por ciento de la comunicación total, la corona y redirige hacia la esclavitud del oyente manipulando su percepción de la realidad; y del dicente, que tiene dos opciones: someterse a su palabra o traicionarla.
"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Juan 1:1). Y desde entonces estamos bajo su única voluntad y todos sus omni- no son más que eso que todos compartimos: las palabras. El infierno es mi mala consciencia y los recuerdos que me hostigan con su ejército de fantasmas, caídas y vampiros. El cielo es mi imaginación, es decir: la construcción verbal que me invento cuando pienso en lo que quiero conseguir. Con sus infinitas combinaciones puedo crear mi mundo perfecto, más o menos alejado de la dúctil realidad a la que somete y que no es más real que su propia representación; pero jamás podré escapar de ellas. 
Mentí. Hay varias formas: desde la lobotomía hasta la muerte. Pero confieso que tienen un no-se-qué que no me atrae.
Las palabras constriñen la acción, la dirigen y someten la voluntad, someten la fuerza del fuerte y otorgan poder al débil. Encañonan y provocan muerte y destrucción; y atan a la tierra a millones de personas. Atan a treinta metros cuadrados durante cuarenta años. Invaden Polonia. Destruyen Hiroshima. Someten estados enteros que previamente han sido creados con la palabra. Como los pueblos. Blanco-negro. Dicotomías.
El siete por ciento, dicen. Bah. La palabra está siendo minusvalorada, despreciada y olvidada, convertida en una burda neolengua orwelliana de uso simple, plano, sin matices. Está siendo regulada y formalizada, pulida y perfeccionada para que se ajuste a los tobillos convirtiéndose en blackberries, dispositivos BlackBerry que sitúan en nuestra mano una cajita llena de palabras que nos acompaña a todas horas. Pensamientos convertidos en e-mail y e-mail que construyen otros pensamientos. Esclavos de la información que rodea e indigna, o eleva, o distrae.
O acobarda. El miedo es una palabra, y miedo son palabras: acentuados los temores de los recuerdos los muros de la zona de confort crecen. Despiertan instintos olvidados, terrores infantiles, un pánico atroz que es capaz de petrificar la musculatura a base de latigazos nerviosos en bucle infinito. Es tan fácil dejarse llevar por el miedo, admitir que las cosas van mal pero no podemos cambiarlo. Es tan fácil desahogarse verbalmente con otros que comparten mis mismas inquietudes -o indignación- sin atreverse a romper la cadena que nos convierte en fila. Estoy indignado, y salgo a la calle para que me oigan. Bien. Siguiente. Creo un tweet que es la hostia y consigo que se propague viralmente. Bien. Siguiente. Pintarrajeo mi nombre en un muro y así soy más famoso. Bien. Siguiente.
Al decir, al pensar, hago. Y se queda ahí, cada uno dentro de su coto privado de reflexión propio o del sistema hablante-oyentes. Sin embargo, nosotros que no queremos tener poder nos quedamos ahí, sumisos a las palabras de otros que sí lo poseen y emplean contra nosotros. El sistema establecido no es más que una sumisión ante determinadas palabras y su aceptación incondicional. El mil novecientos dieciocho individual. Mientras tanto, el amo de la palabra de poder cambia la vida de sus esclavos con un giro, con un matiz. Una coma significa vida o muerte y tú sin enterarte, hoygan.

miércoles, enero 11, 2012

Señor, permíteme...

Señor,

Permíteme estar cansado, cansado de recibir golpe tras golpe, cansado de la mala suerte y los errores propios y ajenos. Permíteme dudar de ti, de tu reino, de tus palabras vacías y de tus esperanzas vanas de cuellos doblados y servidumbre ad-eternum.

Permíteme dudar de ti como dudo de mí y de mi capacidad, permíteme no dudar de tu duda e incapacidad para proveer los dones y la justicia y la bondad y el amor que dices que provees y que no existe más que en la retórica de las serpientes arremolinadas a tu sombra esperando medrar a mi costa.

Permíteme estar tumbado en la cama de espinas que son cada una de las costillas rotas por tus coces inesperadas y velos de acero británico. Languidezco en tu círculo vicioso, vicioso, vicioso. Enfermo, enfermo. No me sonríes, permíteme que no te sonría ni te dé la patita a cambio de un premio en forma de alcohol, mujer desquiciada o miserable trabajo donde me apago sin contemplaciones mentira a mentira.

Permíteme odiarte, como me odio, como me odias.

Permíteme mirar mal a quien me agreda, seguirle y quemar su casa tras violar a su esposa e hijas. Nadie me ha enseñado qué es la piedad, la supe desde que nací, sin embargo tus acciones me han echo olvidarla. Si valgo cuatro veces lo que gano, permíteme devolver cuatro veces el dolor que sufro con tus caprichos y tus historias de las que no quise ser protagonista.

Permíteme ver la muerte cara a cara, sin romanticismos, sin maquillajes ni falsos trucos de feria. Los muertos, los vivos, los que se mueven y los que están bajo tierra. Los que se aferran a mí, los que beben mi aliento, los que medran, los que cuelgan. Mirarlos por lo que son: esqueletos cubiertos por carne putrefacta y harapos, incapaces de dar un paso sin mi fuerza. Permíteme verte a ti entre ellos, también alimentándote de mí, porque vives de mi recuerdo y pensamiento.

Permíteme ocupar tu trono en la creación. Si yo, herido y cansado, soy tu máxima y mejor obra, entonces no mereces el cargo. Deja el paso a tu hijo pródigo. Al menos soy sincero.

Atentamente,
V.

viernes, enero 06, 2012

El sicario

Cuando aquel sicario incrustó el cañón de su cuarenta y cinco en mi cráneo a través de la oquedad que la naturaleza, sabiamente, decidió llenar con un globo ocular y un párpado, no pude evitar reír. Era un tío enorme, de tamaño sobrehumano y deforme como si lo hubiera dibujado un capricho interdimensional Lovecraftiano ebrio de creatividad. Me preguntó de qué cojones me reía, me llamó quillo, y me hundió más su arma hasta lograr que me cayera de espaldas. Recuperar la sensación de existencia de mi ojo, no de un infinito quejío ocular, fue agradable, no lo niego, saber que iba a morir con ese gustito me hizo recuperar mi anterior sonrisa, a partir del semblante de susto que se me había puesto cuando casi vi mi cabeza partida contra alguna piedra, o peor aún, un estúpido esguince que me hiciera cagarme de dolor en mis últimos minutos de vida.
Le pregunté por qué quería descerrajarme un tiro. Me dijo que por él no era, que estaba trabajando. Que si fuera por su gusto como si me dedicaba a chupar pollas en la parte baja de la rambla. Con ese cacharro, le repliqué señalando con la mirada la cuarenta y cinco, es muy fácil, que es más divertido matarse uno mismo tecla a tecla. Tras llamarme hijo puta con su acento ilocalizable bajó un poco su semiautomática. El Sol, a sus espaldas, no me dejaba verle bien la cara, enmarcada por unas gafas de aviador y un pelo muy corto. Las lentes de espejo me miraron con una gravedad inquisitorial. Una vez fui como tú, también curré de picateclas, otro programador más, pero es una puta mierda y después de cargarme a mi jefe no me quedó más remedio que largarme de mi país y venirme aquí a liquidar a gilipollas como tú.
¿Cuál es mi pecado, padre? Le pregunté.
Me contestó diciéndome que mi pecado consistió en creer que la única diferencia entre mi jefe y yo era que ambos podíamos convivir en la misma oficina. Le pregunté si fue él quien le contrató y asintió. Quién cojones más iba a querer tu muerte. Volví a sonreír.
El Sol fue bajando lentamente, a medida que postergaba segundo a segundo mi postrer aliento. Yo a ti te conozco, le dije. Su cara empezaba a sonarme.
Tengo una cara muy común, me respondió, y no es raro que me confundan. Muchas veces han llegado a decir de mí que soy como un doble de mi cliente.Así es más fácil mi trabajo. Por eso no te diste cuenta que te estaba siguiendo, por eso no te diste cuenta que te he estado acompañando durante toda tu vida esperando este momento, me comentó. Básicamente, siguió, soy quien tú quieras que sea, a tus ojos, quillo.
Le escuchaba, era agradable tener una compañía tan interesante en mi ejecución-funeral-entierro-canonización. Y a medida que la luz lloraba por entre sus orejas, por entre las patillas de las gafas de aviador, lo vi: normal que me sonara. Era yo mismo. Era mi jefe. Era mi amante. Era todas las personas por las que pasé, unas a tientas, otras como el mismísimo Satán. Estallé en una carcajada. Dije adiós con un guiño. Disparó y mi cabeza se convirtió en un puzzle.
Caí al suelo hecho cadáver, inerte y seco, sin poder parar de reír. Le pregunté si de verdad pensaba acabar conmigo así, destruyendo mi cabeza.
¿Aun no lo has entendido? Replicó. Lo vi ajustar su traje negro y pasar a ser yo. Me giré, ya convertido en el sicario, y vi mi propio cadáver, en mi mano noté el metálico tacto del cuarenta y cinco, tan pesado como el propio centro del universo, satisfecho por un trabajo bien hecho. Pasé mirando un tiempo indeterminado el cuerpo, los sesos, los restos del cráneo entre las malas hierbas y el suspiro final de un Sol que también moría.
Cuando se hizo de noche puse la pistola entre el pantalón y mi lumbar. Después saqué un bloc de notas de mi americana, un bolígrafo y taché mi nombre de una lista de mis nombres infinita. Miré mi siguiente nombre, sonreí.
-Otro disfraz hecho añicos. A por otro más.

miércoles, enero 04, 2012

Días largos

¿Qué pasó? Joder, no lo sé ni yo mismo. Lo único que sé es que el reflejo del espejo se ha vuelto ateo, ateo del todo, ya no quedan dioses en la vida, ni siquiera el dios de la estampita de ocho cifras y una letra. No veo ni amigos ni enemigos, solo intereses egoístas, cosacos de la estepa, el romanticismo ha muerto, las canciones han perdido el sentido y solo son ritmo y engañabobos. Me esfuerzo en ponerle un punto de partida, un instante, un hecho que me enseñara que la vida es lo que es, que no hay nada más y que la misma ilusión, la misma magia no es más que un engaño.
Veo engaños en todas partes. Nos engañan. Te engañan. Te engañas. Me engaño. Incluso el mismo engaño es un engaño, no lo sé, no soy un filósofo y dejo esas cosas para quien quiera perder el tiempo en ellas. Prefiero extraviarlo en otros asuntos, como en dejarme llevar.
Ni siquiera alcanzo a ver las estrellas. Sé que se han marchado en esta Barcelona de sonrisa sensual y dientes afilados. Ni siquiera alcanzo a prestar atención a lo que me dicen, a aparentar el más mínimo interés que, si ya no lo prestaba antes, ahora me siento obligado a alejarme de las enaguas de las falsas posturas sociales que me encadenan a ellos, a mis no-amigos-no-enemigos. No los reconozco como seres vivos. Trabajan conmigo, y sé que debería aparentar que me interesan sus vidas, sin embargo cada día que pasa pierdo más las ganas de sonreír, de participar en sus conversaciones, en sus intereses.
La pérdida de la inocencia, sí, me he hecho mayor, me he hecho adulto y he dejado de creer hasta en el creer mismo. Solo me estimulan los cambios, la constante renovación y me provoca una extraña sensación el solo hecho de pensar en quedarme en un mismo sitio por más tiempo. No es miedo, es pavor o terror, ni alegría. Ni deseo. Ni interés. Interés que olvidé su significado.
Corazón que late en mi pecho, ahora eres un reloj.
Como el de la pareja que camina, acaramelada, por la calle. ¡¿No lo véis?! Al igual que la interrogación que se anida dentro de las exclamaciones ellos tan solo van por el puro interés, aun creyendo en la magia, en el amor, en que están unidos en su destino. Interés: banqueros emocionales. Fingen sin saber, como la pelota del trabajo o el caprichoso que colecciona aromas de tanga solo porque el cuerpo que una vez estuvo dentro tiene una forma determinada.
Vuelvo a mi reflejo en el espejo: mentiroso. Me lo digo, porque he mentido, y me he mentido a mí, primero creyéndome mi pose, después destruyéndola y haciéndome pasar por quien en verdad no soy para satisfacer algo que no puedo satisfacer. Las relaciones humanas pierden interés, el sonreír, el estar ahí, el escuchar y ser buena persona. Lo voy perdiendo como pierdo el mismo interés por vivir al saber que, al contrario de lo que creía Steve Jobs, no hay nada más. Naces, creces, te jodes y mueres. Gracias, Juan Abarca. El aportarse uno mismo a los demás pierde interés cuando saber que eso no significa nada. Porque caducará, será olvidado y todos morirán.
Quizá esto suene a confesión, me da igual, soy otro más de los que pasan su vida sin pena ni gloria, intentando hacer algo hasta dar con el mismo silencio de la muerte. O hasta que la muerte se aburre de uno y lo deja tirado.
Simples pajas mentales. Cada día es más largo que el anterior.

jueves, noviembre 24, 2011

¿No lo ves?

En el momento en el que conocí la gran verdad no me di cuenta del gran descubrimiento que había hecho. No fui consciente hasta bien tarde, concretamente ayer. ¿Qué pasó para que decidiera aceptar que yo soy Dios y que estoy traicionando a la humanidad cada vez que dejo que cualquier otro decida por mí, piense por mí, y hasta mee por mí? Si he de ser sincero no lo sé, simplemente pasó. No fue al recuperarme de una de esas resacas que me destrozan cada vez que intento ahogar en alcohol mi naturaleza. Tampoco fue tras un accidente o una experiencia cercana a la muerte. Simplemente pasó. Igual que cuando, después de un día de borrachera, te despiertas en tu cama sin saber cómo has llegado y al lado hay una hermosa mujer de pelo rizado y ojos hipnóticos. Era la verdad, y esa verdad era yo.

Lo que consigo recordar es un pestañeo. En un pestañeo pasé de ser la persona más gris a ser igual al Creador que nadie conoce. Estaba caminando, tras cumplir con mi ejecución a plazos de ocho horas cinco veces a la semana y tras hablar con mi jefa escuchándola decir, con aire satisfecho, que había trabajado doce horas. Me abofeteó y me mordí la lengua porque todavía no había pestañeado, no le pregunté que para qué lo hace. No me atreví: no por perder el trabajo o quedar marcado como un futurible rata-que-huye-a-la-primera, sino por no enfrentarme a mí mismo. Es muy fácil mirarlo desde fuera, desde dentro, adoquín a adoquín, semáforo a semáforo, es un infierno.

Porque estoy harto de ser normal, de ser uno de los adoquines que piso, estoy cansado. Sobre mí reposan piedras, y más piedras, de edificios a cada cual más grandes y tan solo una triste antena se encarama en lo alto para recibir el gran relámpago de Zeus. Pienso en mi jefa, no le encuentro sentido y sé que para ella quien no tiene sentido soy yo, con mis palabras vacías y ella con su vida perfecta de trabajadora incansable donde las noches ya no son noches, los días ya no son días y su puesta de sol está congelada en el fondo de su pantalla.

Le he puesto una bomba lapa a mi Laptop.

Seguí caminando y quería gritar, quería que todos escucharan mi nueva energía, quería explotar y convertirme en la estrella que iluminara toda la ciudad, la maldita ciudad que me tomó y me convertió en el grumetillo del barco en la botella del capitán Mediocridad. Destruir la ciudad, destruir la civilización humana porque se basa en la gran mentira de que hay que crecer, emprender, trabajar, ganarse el pan, ganarse la vida. Yo me gané la vida el día en el que mis padres follaron y me engendraron. Sonrío ante la contradicción.

Y al sonreír creo a la mujer más hermosa, creo al niño más alegre, creo la pared más perfecta, con su grieta, su pintada pidiendo el no-voto y junto al letrero del Kebab. Aun con sus cicatrices, sus gusanos y sus pañales llenos de mierda son lo que yo quiero que sean, y el sufrimiento, la falta de sensación de encaje, de compatibilidad con la realidad, no es más que la lucha que tengo en aceptar que yo soy Dios. Porque lo soy.

¿No lo ves?

A cada paso que doy se rompe el suelo, se resquebraja la civilización occidental, tan pagada de sí misma, tan dependiente de la destrucción de sus individuos ahogándolos en su falsa individualidad, matan los besos que mis botas dan al suelo, caen las paredes y las mujeres, y los hombres retorcidos de dolor y echando la espuma de su envidia por la boca. Concedo, como empecé a conceder cuando fui consciente, cuando quise serlo, perdón y vida y muerte a voluntad, y solo distribuyo muerte, muerte que es su vida, su dios, que ha de convertirlos en llama y besos.

Creo que es momento de activar el detonador.

domingo, mayo 15, 2011

Brest-Litovsk

Sí, claro que conozco mi condición de borracho,
y de perro que busca olores en las esquinas
para marcar y mear.

Claro que sé que ahora debería estar dormido
o, como se espera de alguien de mi condición,
de fiesta bebiendo hasta acabar mirando como un chino
y doblándome a mí mismo con comentarios
que ofenden mi inteligencia
y me harían vomitar si los oyera de día.

Claro,

pero estoy en la cama, hundiéndome en mi cabeza
mientras mi piel me traiciona,
mis dedos me traicionan,
mi propia voz decide unirse a ellos
y también me traiciona,
como mi cerebro, tan dado a dejarse llevar
por los efectos del alcohol,
como incluso mi propia desnudez,
que ya no reconozco como mía
y Narciso no me provoca más que repulsión.

Pero es lo que tengo, es lo que soy,
aunque mi único deseo es arrancarme el esternón
y huir de mí no puedo, tan solo consigo
mierda
y miedo
porque me aterrorizo
sin ti
y sin el Vince que yo quise ser
que se pierde entre tóxicos
buscando en el camino equivocado la respuesta
que siempre quise y decidí no tener
más que en faldas, en bocas, en cuellos y gotas.


¿Cuándo asaltaremos Brest-Litovsk?

martes, mayo 03, 2011

Aprendizaje

Una vez alguien me dijo: aprende una cosa, solo una cosa, de cada una de las personas que conozcas, pero apréndela bien.

Le contesté con silencio.

martes, abril 19, 2011

La violencia

La violencia es parte del comportamiento humano. Estamos donde estamos gracias a la violencia, gracias a los violentos que pusieron bombas, a los que cortaron cabezas,
sin embargo la no-violencia basada en la violencia latente que desprende la amenaza del terror de estado es lo que poco a poco va erosionando las pocas libertades que unos héroes nos dieron a base de arriesgarse al sobreponerse al terror de la misma.

martes, noviembre 23, 2010

sin ayuda

me acabo de dar cuenta que la esperanza
de conseguir algo de estabilidad
me produce demasiada alergia
y cuando veo que todo se puede ir a la mierda
vibro, sonrío y grito de felicidad
la sola idea de tener un fracaso me excita
porque mi vida es uno tras otro
y de tanto acabar en tierra empapado en mi vómito
me he acabado acostumbrando hasta amarlo
y sólo pudiendo reconocerme en el mismo fracaso
y que en el mismo descenso a los infiernos
es el único camino donde hallo paz
como cuando corrí por la montaña
bajo la intensa lluvia y no temí por mi vida
-era un crío inconsciente-
y con el pelo mojado, la ropa calada
me sentí libre por primera y última vez

por una parte me da igual, por otra es el pánico
representativo de la fragilidad que me gobierna
al saber que las cartas caen de su clepsidra
y no es mi mano la que tiene el poker
con tantos comodines como quiera llevar en su manga

en mis dedos sólo hay callos

y ella ya se casó, y no me invitó a la boda
pero es normal, si me viera no me reconocería
yo a mi princesa tampoco
no sé de qué me sorprendo, nunca la reconocí
entró en mi vida y salió cuando quiso
y yo cada día cambio convirtiéndome en mi opuesto
desvirtuándome sin piedad
nunca me atreví a rajarme la cara con las uñas
pero mi alma ya está hecha jirones
reconozco que me daba un placer morboso
y lo sigue haciendo
es mi absurda adicción a autofagocitarme
que seguirá hasta que no me destruya
pero estoy hecho de cuero
demasiado resistente para poder matarme
a mí mismo sin necesitar ayuda ajena

domingo, noviembre 21, 2010

buscar

buscas respuestas
a preguntas
buscas saber
-te
entender
-te
comprender
-te
aceptar
-te
pero tus ojos saben
que fallas
y no pueden mentir

y buscas fuera
en sartre
en bach
en vivaldi y bukowski
en alcohol y drogas
que te den respuestas
y seas otro
mejor
más perfecto
pero la resaca llega
y te das cuenta que es todo
mentira
que no sirve para nada
fuera
en el hostil mundo exterior
solo hay más preguntas
más misterios
que no puedes resolver...

...¿has pensado,
en vez de buscar,
encontrar?

miércoles, octubre 29, 2008

Hoy empieza todo


Bukowski es un hijo de puta. Un hijo de puta que me habla, mañana sí mañana no, desde un pequeño espacio de Radio 3. "¿Crees en todo eso de la magia, los espíritus, el esoterismo?" me preguntaron. "Claro. Los muertos me hablan." Contesté. Mi interlocutora me miró raro, tan acostumbrada como estaba a un escepticismo tan políticamente correcto. Los muertos me hablan, siempre. Basta con saber escuchar. Y desde la radio uno de ellos, Charles Bukowski, está susurrándome a través de una voz ajena.

Si vas a intentarlo, ve hasta el final. De lo contrario no empieces siquiera. Tal vez suponga perder novias, esposas, familia, trabajo, quizá la cabeza. Tal vez suponga no comer durante tres o cuatro días. Tal vez suponga helarte en el banco de un parque. Tal vez suponga la cárcel. Tal vez suponga humillación. Tal vez suponga desdén, aislamiento. El aislamiento es el premio, todo lo demás es para poner a prueba tu resistencia, tus auténticas ganas de hacerlo. Y lo harás, a pesar del rechazo y de las ínfimas probabilidades. Y será mejor que cualquier cosa que pudieras imaginar. Si vas a intentarlo, ve hasta el final. No existe una sensación igual. Estarás solo con los dioses, y las noches arderán en llamas. Llevarás las riendas de la vida hasta la risa perfecta. Es por lo único que vale la pena luchar.


Apenas supone un arañazo del programa, quizá puesto ahí para rellenar, porque la directora (creo que es una mujer) va de gafapasta por la vida y piensa que ser beat está de moda. "Aislamiento". Sí, Charles, tienes razón.

Aparco, bajo del coche y el frío y la lluvia me abofetean. Me gusta este disfraz de cómodo burguesito, de estudiante-me-faltan-pocos-créditos en-nada-acabo. No soy muy adaptable a los cambios, por eso siempre he intentado no apegarme a nada. Recuerdo la última vez que lo hice, y todavía me duelen las heridas, la piel en carne viva después de que, por causas idiotas de algo que escapó a mi control (¿desde cuando nosotros, tristes humanos que sobrevivimos en la contaminación, tenemos el control de algo que no sean nuestros esfínteres?), me fuera arrancado. Camino por la calle, me escabullo por entre los paraguas de la gente mientras el agua me empapa. Me encanta sentirla sobre mi piel. Despacio cruzo los pasos de peatones, saboreándola. No dejo de repetirme una de las frases que no quiere soltar lastre y liberar mi cerebro. "El aislamiento es el premio, todo lo demás es para poner a prueba tu resistencia, tus auténticas ganas de hacerlo". Me interesa. Llego hasta la puerta, aprieto el botón que me permitirá entrar en el aula, a continuar con mi formación para ser uno de tantos, acompañado por tantos. Estoy calado, además de por el agua. Me pongo la máscara de atento estudiante, ávido oyente, más o menos simpático (nunca lo he sido, es el papel que más pereza me da interpretar. Como si me interesara algo de lo que dicen, o la vida de los demás per se). No es hipocresía, es pura supervivencia. Que empiece el espectáculo.

Todavía no llevo las riendas de la vida hasta la risa perfecta. Todavía.
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PD: Por cierto, ¿quién soy yo para nombrar a Bukowski?

sábado, agosto 23, 2008

Gris abstracto


Me sorprendo mirando la púa que tengo debajo del monitor. Apenas hay luz, y eso que son casi las doce del mediodía; hoy le ha dado al día por vestirse de gris lluvia. Me sumerjo en el estímulo tóxico y artificial (no mucho, pero con tanta mierda que llevo en el cuerpo poco me hace falta para desorientarme) de la cocacola, pensando en el todo y la nada, muy zen. La música que nace de los viejos altavoces, fantasmagórica, da vueltas por mi cabeza contaminándolo todo. Soy un melómano bastante simple y conservador, no me atrevo ni a oír más del noventa por ciento de los sonidos que propone la sociedad en cada una de sus prostituidas esquinas.

El todo y la nada. Zen. Un puñado de palabras que se transparentan al ritmo que marca la extinción neuronal producida por el paso de los segundos. Me parecen tan lejanas aquellas voces que me decían: "no tendrás casa en tu puta vida". Jamás les creí, les replicaba que esto pasaría, y que se resquebrajaría el sistema como un azucarillo sometido a un goteo constante de ácido clorhídrico. Esa frase, para mí, ha cambiado. En vez de casa lo que no voy a tener en mi puta vida es un trabajo que me satisfaga y con el que pueda alimentarme. Soy demasiado errático, me pierdo en el laberinto interrumpido del grafito sobre el papel, me desoriento con facilidad, sumergiéndome en la pura y simple divagación. "No tendré trabajo en mi puta vida". Seguro que puedo trabajar en, ¿quién me contrataría, si a lo único que aspiro es a vivir del cuento? No tengo aspiraciones, me asusta la competición, la posesión y el control. Nací desnudo, y desnudo me siento, piel, grasa y huesos; todo lo demás no son más que lastres que empujan hacia el suelo los bolsillos, arrastrando mi espalda tan harta de cargar conocimientos inútiles cuyo único fin es la esclavitud mental.

Esclavos mentales, me gusta. Somos físicamente libres, capitalmente libres, pero mentalmente esclavos. El perro es feliz estando suelto en ocho por ocho metros cuadrados (jamás ha visto el otro lado del cerco) hasta que siente la llamada de la naturaleza: echar un polvo. Una noche, dos, quizá tres se sentirá solo, buscando una compañera que nunca llega, pero esa sensación más pronto que tarde pasará. Como con todo, como con todos. ¿La crisis de los cuarenta? ¿De los cincuenta? Si tengo veintipico años, aun no he llegado a esa edad y ya ando en crisis recurrente. Muchos tardan media vida en manifestar su saturación del mundo hipócrita, cínico y falso en el que vivimos. Yo un poco antes (porque espero que aún me quede para alcanzar mi media vida), será que tomé las decisiones equivocadas. Tampoco me arrepiento, ellas son lo que soy, y mejor haber llegado hasta aquí que haber acabado de oficinista de ocho a tres juntando papeles haciendo mil y una cosas con las ideas orientadas magnéticamente hacia el centro. Me parece que ando un poco desanimado. A*, ni se te ocurra llamarme emo, lo mío es pura realidad resumida en cuatro idioteces sin más sentido que el que tú quieras darle.

¿Crees que lloverá? No sé, espero que sí, que hace falta. Dicen algunos que pronto va a llegar la glaciación, mucho frío y un montón de guiris con las pelotas congeladas allá en sus países. La temperatura es ideal, pero estamos en agosto, veintitrés para ser más exacto, y todo está congelado menos el mercurio, que anda ahí ahí. Joder, está todo oxidado menos yo, o al revés. Cambiemos las cartas, que igualmente tenemos la misma mano, por mucho que los dibujitos sean diferentes ambos vamos a acabar repitiendo figuras. Nunca leí el Kamasutra.

Será mejor que suelte a los monos antropófagos que revolotean como libélulas salvajes entre los ojos y las sienes, hoy es un buen día para dejarles que den una vuelta por mi cabeza, no hace calor y la presión atmosférica impedirá que vayan muy lejos y vuelvan para cenar. Les diré que vayan a comprar algo de viento con el que refrescar todas estas tonterías, que ya va siendo hora.

miércoles, agosto 06, 2008

¡Qué gran verdad!


Esta es la gran verdad: todo es mentira

menos la mentira, que es verdad,

porque si la mentira fuera mentira

sería verdad que todo es mentira.

Pero es verdad, todo es mentira,

la verdad es mentira y la mentira verdad,

absurdo: mentira y verdad.

Dicen los viejos que media verdad

es una mentira,

por tanto medio y medio es siempre uno,

por tanto una verdad son dos mentiras.

Qué gran verdad.

Y miente el que dice que dice la verdad,

y dice la verdad el que dice que miente

(ese es el más honrado de todos, fíate de él).

Verdad verdadera.

miércoles, junio 25, 2008

Volviendo a las 65 horas


Pensándolo bien, he cambiado de idea aunque no por los motivos que enuncian los derechosos del mundo. Tienen que poner esta medida. Todos a trabajar 65 horas semanales, ¡y más! ¡Hasta desfallecer! ¡Y sin cobrar un duro!

No. No me he vuelto loco.

¿Hace falta que me explique? ¿Es necesario que recuerde a tantos y tantos (la auténtica mayoría absoluta de este país) que pasan de la política pensando que es la distracción de cuatro ladrones o, peor aún, que defienden a una u otra posición política de boquilla? ¿Es necesario que recuerde que todo lo que cree la gente que es normal se ha conseguido a base de millones de litros de sangre honrada que se ha sacrificado inútilmente si vuelve la derecha a gobernar (PPSOE + clase alta), como ya está haciendo?

¿Que las ideologías han pasado de moda? Gilipolleces. Olvida los significados y lo olvidarás todo. Es lo que pretenden. "Eso de la lucha de clases no es más que una reliquia de un pasado violento, ahora el presente es El Corte Inglés".

Sí. Tengo mucho resentimiento hacia mi generación, y hacia mí mismo, por qué no decirlo.

Todos esos idiotas que ignoran sus derechos deberían trabajar todo eso y más. Y luego todos quieren acabar de funcionario, ¿cuántos hay cuyo sueño es vivir de Papá Estado? ¡A doblar la espalda hasta morir! Este país de aborregaos, de idiotas profundos hasta decir basta, ha elegido su destino. Y luego se atreverán a llorar cuando los grilletes nos destrocen manos y pies.

¡Ah! ¿Que hay alguien ahí? ¿Qué haces leyéndome? ¡Corre, corre! ¡Ve a ver el fútbol!
________________
PD: Y tú mirándome con cara rara cuando digo que quiero estudiar políticas.
PD: Y tú mirándome con cara rara cuando digo que no me gusta tu vida hedonista y superficial, fácil.
PD: Y tú mirándome con cara rara cuando digo que me interesa alguien más que yo.
PD: Y tú mirándome con cara rara cuando "¿por qué?" vive en mis labios y siempre le dejo salir.
PD: Y tantas miradas de caras raras, mezcla de desprecio y extrañeza. Tantas que ya ni recuerdo, si es que no sé ni por qué me molesto en escribir esto. Digo yo que alguien habrá por quien merezca la pena seguir...

(Imagen fusilada de aquí)

martes, junio 24, 2008

Y sin embargo



En el fondo suele ser un simple cruce de caminos, entre la rumba, el blues y un puñado de versos arrancados desde los abismos del cerebro desbocado de un cantautor cualquiera cuyo nombre, más por casualidad que por otra cosa, pueda recordar a algún árbol. Por ejemplo: ya lo sabes.

Ahí estoy yo, en medio de los cuatro puntos cardinales, escuchándole decir eso de "y sin embargo te quiero". Sélène. O si no otro nombre de mujer, de esos que este viejo vagabundo de alma rasgada acostumbra a coleccionar sin más razón que la más honesta de todas, esa que coincide con la inercia, la contemplación y las respuestas sin pregunta, que solas se aparecen y revelan las sombras que se ocultan tras las luces de la belleza femenina. Supongo que por eso mismo, ese apocalipsis grabado a fuego entre mis cejas y la nuca, estoy retorciendo las palabras esperando que alguien consiga, algún día, no sé si de este siglo o de esta especie, comprenderme. Si ni siquiera me atrevo a subir los ojos y rebuscar un significado en los renglones de aquí arriba.

Canta, Sabina. Canta, recuérdame los besos envenenados que yo mismo he dado esperando intoxicarme accidentalmente al beber de los cuerpos siempre sin alma de la gran mayoría de hembras que he conocido. Recuérdame tantas cosas que tú, maestro, has sabido expresar mucho mejor en un solo, un puto verso de una puta canción de esas que construyes casi con eructar; que yo en kilómetros de tinta azul, mezcla de la aristóctrata sangre enajenada que corre por mis venas y las lágrimas de tantas y tantas apodadas Esperanza.

Canta, Sabina. Canta y cuéntame como todas las historias tienen siempre un mismo principio y un mismo final, una misma forma de canción de rima consonante. Poeta suburbano de hígado roto y cerebro infartado, canta y mézclate con el viejo Tom Waits para construir un universo con un mínimo de sentido.

"...y me envenenan los besos que voy dando, y sin embargo..."

Canta, Sabina. Canta y revélame el auténtico motivo por el que sigues vivo, y por el que yo también aún sigo aquí. Mientras, voy a dejar que mi cuerpo se desparrame sobre el helado suelo de todos los días para escucharte en plena oscuridad. Con suerte mañana no saldrá el sol.

martes, junio 10, 2008

¿Viene Max?


Dos días, dos putos y tristes días de huelga de cuatro mataos que se creen con derecho de pedirle a papá estado que les dé dinero porque han sido tan gilipollas que ni siquiera han calculado los posibles riesgos que tiene MONTARSE UNA EMPRESA, porque sí, la mayoría de estos cabrones que han bloqueado las carreteras (recordemos, una cosa es protestar y otra joder a los conciudadanos) se subieron al carro del camión al fuego de la burbuja criminal y estafadora que ha gobernado este país desde la época de Felipe González. Como si fuera un juego. Putos irresponsables. Una empresa es una apuesta, si sale bien consigues dinero, si no te jodes y toca cerrar. Que cierren. Que paguen sus riesgos y le echen dos huevos asumiendo su responsabilidad. Imbéciles.

Dos días y el país ya está bloqueado. Los supermercados vacíos, las gasolineras secas, las vías saturadas y un muerto sobre la mesa. ¿Qué pasará dentro de una semana? Y eso que esto es por mantener margen de beneficios y no reconocer su error. Hipócritas.

-¡Papá Estado! ¡Papá Estado! ¡Dame dinero!

¿Acaso ya no somos conscientes de nuestros actos?

Y todo esto, recuerdo, es por querer mantener beneficios. Si se alarga un poco más aquí habrán hasta tiros. No quiero ni imaginarme cuando debido a la falta de petróleo (Gazprom dice que pronto llegará a los 250$ el barrilete en 2009) no haya, literalmente, combustible para llenar los camiones. Ni para generar luz eléctrica. Ni para la calefacción.

¡El milenarismo va a llegar! ¡MadMax!

Sesenta y cinco horas


Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.
Sesenta y cinco horas.

¡Ha caído la máscara! ¡Volvemos a la edad media! ¡Capitalismo salvaje!

Unión Europea... de amos y esclavos.

viernes, junio 06, 2008

Kultur!

"Kultur!" no es una palabra cualquiera. "Kultur!" es más, es un símbolo grabado a fuego en mi mente. Una imagen, un universo comprimido en seis letras y una exclamación. Una ciudad en llamas, destruida por la guerra, una grafía sangrienta que recurrentemente vuelve a mí. Una imagen en escala de rojos, en escala de grises. De retaco me violó desde la página de aquel libro de texto de historia, no recuerdo si en la sección de la guerra civil española o la segunda guerra mundial. Ahí estaba ella, esperándome con toda la paciencia del mundo, creada para mí hace más de sesenta años, convertida en material de apoyo a la formación institutaria en una época oscura donde todo lo que fuera "Kultur!" queda relegada a la marginalidad.

"Kultur!". La Guerra. Antibélica. Destrucción total. Ahora soy consciente de que me cambió la vida. "Kultur!" es mi objetivo, lo único que pretendo encontrar en mis años errantes: entender, comprender, saber. Abrazarla y amarla hasta acabar en el psiquiátrico o bajo un puente, cubierto de harapos y vestido por las más bellas prendas del conocimiento humano para poder luchar contra la ambición y la avaricia humanas. Cara a cara: luz frente a oscuridad, humanidad frente a barbarie.

De vez en cuando me animo e intento buscar ese póster que tanto me ha marcado. Google no me ayuda, como todas las amantes "Kultur!" es caprichosa y sutil, sé que volverá, tarde o temprano podré contemplarla, desnudarla con la mirada y estudiar todos y cada uno de sus trazos, de sus colores y simbología. Ahora no está y me siento vacío. La Musa me ha abandonado, me ha dejado con un recuerdo intemporal e intermitente. Está escondida, observándome tras cada mirada, tras cada palabra que se escapa de mi boca o agrede mis tímpanos, evaluándome. Soy su Avatar. Su esclavo.

Todo lo demás no importa nada. "La verdad os hará libres", "Kultur!" es la verdad. El resto, simplemente, es una ilusión. Estudiar, leer, comprender y amar, lo único que sé hacer, lo único que puedo hacer para honrar a la Diosa.

Ojalá no estuviera tan solo en este desierto de ignorancia.

(Si alguien tiene o sabe cómo puedo conseguirla que me lo diga, se lo agradeceré eternamente)

viernes, mayo 30, 2008

Rayada

Estoy cansado. Todo es igual, cíclico. Nervioso y alterado. Ansiedad y depresión. Nubes tóxicas entre palabras malsonantes. Subidas y bajadas: ahora estoy arriba, ahora estoy abajo. Y en medio la verdad, lo que es pero nadie ve. "Tu mirada, qué chorrada, ¿cómo quieres que cuente estrellas si hace tiempo me lo invento? Soy el amo del firmamento metido en mi disfraz de hombre normal"*.

Rompería con todo. Y yo no voy a ser quien lo haga. Se descalabra, vuelve la edad media, vuelve la oscuridad, vuelve la luz. ¡Nietzsche! ¡Yo no soy quien tú buscas! ¡No puedo quitarme la máscara! ¡No puedo ser Yo! ¿Me oyes? ¡Yo!

No tengo nada, no quiero nada más que una respuesta: ¿Qué es Dios? No soy nada más que una pregunta en busca de su absurdo.

Creo que necesito...

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*: Romperás, de Extremoduro.

miércoles, mayo 28, 2008

Arriba España

El otro día vi a un puto negro de mierda y me entraron ganas de darle una paliza. Se lo merecía, ha venido aquí a follarse a nuestras mujeres, quitarnos nuestro trabajo, hacer que suba el precio de nuestras casas y juntarse con otros de su calaña para robarnos y darnos por el culo con sus mierda de bandas.

Me levanté del banco apretando los puños, le iba a hacer una nueva cara negra. Hijo de puta. ¿Quién se habría creido que es? De una patada lo mandaría a su país, allá con los gorilas. Luego pensé: su país está a miles de kilómetros de aquí, es probable que jamás vuelva a ver a su familia. Ha cruzado todo un continente para acabar aquí, en medio de una sociedad hostil que le desprecia simplemente por ser.

Empecé a dudar. ¡No puede ser! ¡Se lo merece! Le voy a patear. ¡Nos roba nuestro trabajo! Luego me acordé de qué tipo de trabajo hace. Lo imaginé en las plantaciones de Almería, ahogado bajo un infierno de plásticos y humedad. Y cobrando una miseria. O trabajando en obras en régimen de semiesclavitud. Muriendo bajo condiciones laborales inaceptables para un occidental.

¡Pero se folla a nuestras mujeres! Y yo mismo me contesté "mientras el resto le miran con cara de asco". Es un desarraigado, un desterrado. Un ser marginal por obligación. Despreciado por existir. Sin tierra, sin familia, sin amigos, sin historia.

¡Y por su culpa las viviendas son tan caras! Me acordé de tantos que han vendido sus casuchas en estado ruinoso por precios exagerados para comprarse una mansión en la zona pija. Empecé a pensar que ellos, los negros, los inmigrantes, eran el último eslabón de la cadena. Los tontos útiles.

Me acordé de sus bandas, de sus ghettos... que han aparecido como defensa de gente como yo. ¿Cuántos de ellos habrán recibido palizas, insultos y desprecios y no les ha quedado más remedio que caer en el extremismo? ¿Cuántos querrían hacer su vida normal pero no les dejamos los civilizados como yo?

Cuando llegué a su altura pasé de largo, avergonzado por ser como soy. Arriba España.