He vuelto.

Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

viernes, septiembre 21, 2012

Gata

Me miró e hizo como que maullaba,
me acarició y se rozó contra mí.

Estaba llena de gusanos:
parasitada.

Y quería darme lástima para que
cuidara de ella,
le diera una buena vida,
de esas fáciles,
de tarjeta de crédito
y chófer en la puerta
pero yo no tenía dinero
ni tampoco ganas
así que la miré y comprendí
que ella había decidido morir
y por eso estaba ante mi puerta
esperando
a que la matara
con una sonrisa.

Lo dejó caer
junto con un bote de barbitúricos.

jueves, agosto 30, 2012

Tango

Veinticuatro de mayo. Acabo cantando un tango a tanto
del bedel que entre el estertores precoces esconde su
aliento abierto de par en par como sus tripas y la risa
invalida y archiva el terror que ostento en los dedos
con mi cuchillo de caza y raza es lo que esa carnaza
abraza para fingir sobrevivir a la situación de excepción
sin opción de acción u omisión para salir y vivir y
volver a reír porque sí, porque es mala suerte, ¡qué
mala muerte! Descuartizado por un perturbado enajenado
que sabe algo del bedel y es que él es del PP y como si es
del frente de enfrente, la ley es dura, pero es la ley, y si
abrazo con renuencia la violencia sin inocencia ni excelencia
es porque debe ocurrir, debe morir. Acallo la
casta a tajos y rajo su bajo vientre y con éste son veinte
y enciende la lámpara y dispara la cámara y salva su alma,
¡sálvala!,
que sirva de escarmiento, no miento, que su ejecución
sea el aterrador alimento del cupo de corruptos sin luto
ni susto en su avaricia y su estulticia y que han llevado
a tantos a la intermitencia de la indigencia en la existencia
sin resistencia de la querencia a la urgencia de la excedencia
a las puertas del supermercado (pero que nadie después se
haga el engañado que aquí todos hemos cobrado y tragado).

domingo, febrero 26, 2012

Una persona normal se suicida a los 27 años. Quien lo hace después es porque tiene un retraso mental.

lunes, enero 30, 2012

cristos de plástico

He robado cristos de plástico
para decorar mis paredes,
tengo dos en el alféizar,
les sonríen a la muerte,
con los dientes cubiertos
por su sangre polímera
refinada y coagulada.
¡Amén!

Tengo miles de cadáveres a mis pies
y todos llevan mi cara,
amén.
Amén de cristos,
son famélicos,
torturados y con mordiscos de ratas
donde una vez estuvo
su Sagrado Corazón.

Empalé al más preciado
con un cristal de la ventana rota,
quemé con gasolina a muchos más,
y ahogué con mis propias manos
al que me enseñó qué significa el amor.
A otro lo puse sobre un caballo desollado,
¡el paladín de las huestes del Fin del Mundo!
mis ratas queridas, es la hora de la cena:
venid a mí y juguemos
a la hambruna, 
necesito huesos relucientes
para albergar más carne podrida de Dios.

martes, enero 24, 2012

Leteo

Desconchada sangre
silueta del beso de la noche,
ultima mi voz,
porque los clavos no me hacen gritar.
Los huesos,
¡amo los huesos!
mi respiración es profunda
en la ceniza de los huesos olvidados,
Leteo.
Rasca yeso, mutada flor,
la radiactividad de cieno y ciento,
Nunca esperes lo esperado.

domingo, enero 15, 2012

cinco duplas

Una cerveza y mi silencio:
enemigos íntimos.

Mis fantasmas me sonríen
con las botas sobre la cama.

Ya no quedan mujeres como las de antes.
Ni hombres tampoco, tampoco.

El ahorcado brilla más que
la bombilla de bajo consumo de mi cuarto.

-¿Lo matamos, señor?
-No tengáis prisa, ahorrad las balas.

viernes, enero 06, 2012

El sicario

Cuando aquel sicario incrustó el cañón de su cuarenta y cinco en mi cráneo a través de la oquedad que la naturaleza, sabiamente, decidió llenar con un globo ocular y un párpado, no pude evitar reír. Era un tío enorme, de tamaño sobrehumano y deforme como si lo hubiera dibujado un capricho interdimensional Lovecraftiano ebrio de creatividad. Me preguntó de qué cojones me reía, me llamó quillo, y me hundió más su arma hasta lograr que me cayera de espaldas. Recuperar la sensación de existencia de mi ojo, no de un infinito quejío ocular, fue agradable, no lo niego, saber que iba a morir con ese gustito me hizo recuperar mi anterior sonrisa, a partir del semblante de susto que se me había puesto cuando casi vi mi cabeza partida contra alguna piedra, o peor aún, un estúpido esguince que me hiciera cagarme de dolor en mis últimos minutos de vida.
Le pregunté por qué quería descerrajarme un tiro. Me dijo que por él no era, que estaba trabajando. Que si fuera por su gusto como si me dedicaba a chupar pollas en la parte baja de la rambla. Con ese cacharro, le repliqué señalando con la mirada la cuarenta y cinco, es muy fácil, que es más divertido matarse uno mismo tecla a tecla. Tras llamarme hijo puta con su acento ilocalizable bajó un poco su semiautomática. El Sol, a sus espaldas, no me dejaba verle bien la cara, enmarcada por unas gafas de aviador y un pelo muy corto. Las lentes de espejo me miraron con una gravedad inquisitorial. Una vez fui como tú, también curré de picateclas, otro programador más, pero es una puta mierda y después de cargarme a mi jefe no me quedó más remedio que largarme de mi país y venirme aquí a liquidar a gilipollas como tú.
¿Cuál es mi pecado, padre? Le pregunté.
Me contestó diciéndome que mi pecado consistió en creer que la única diferencia entre mi jefe y yo era que ambos podíamos convivir en la misma oficina. Le pregunté si fue él quien le contrató y asintió. Quién cojones más iba a querer tu muerte. Volví a sonreír.
El Sol fue bajando lentamente, a medida que postergaba segundo a segundo mi postrer aliento. Yo a ti te conozco, le dije. Su cara empezaba a sonarme.
Tengo una cara muy común, me respondió, y no es raro que me confundan. Muchas veces han llegado a decir de mí que soy como un doble de mi cliente.Así es más fácil mi trabajo. Por eso no te diste cuenta que te estaba siguiendo, por eso no te diste cuenta que te he estado acompañando durante toda tu vida esperando este momento, me comentó. Básicamente, siguió, soy quien tú quieras que sea, a tus ojos, quillo.
Le escuchaba, era agradable tener una compañía tan interesante en mi ejecución-funeral-entierro-canonización. Y a medida que la luz lloraba por entre sus orejas, por entre las patillas de las gafas de aviador, lo vi: normal que me sonara. Era yo mismo. Era mi jefe. Era mi amante. Era todas las personas por las que pasé, unas a tientas, otras como el mismísimo Satán. Estallé en una carcajada. Dije adiós con un guiño. Disparó y mi cabeza se convirtió en un puzzle.
Caí al suelo hecho cadáver, inerte y seco, sin poder parar de reír. Le pregunté si de verdad pensaba acabar conmigo así, destruyendo mi cabeza.
¿Aun no lo has entendido? Replicó. Lo vi ajustar su traje negro y pasar a ser yo. Me giré, ya convertido en el sicario, y vi mi propio cadáver, en mi mano noté el metálico tacto del cuarenta y cinco, tan pesado como el propio centro del universo, satisfecho por un trabajo bien hecho. Pasé mirando un tiempo indeterminado el cuerpo, los sesos, los restos del cráneo entre las malas hierbas y el suspiro final de un Sol que también moría.
Cuando se hizo de noche puse la pistola entre el pantalón y mi lumbar. Después saqué un bloc de notas de mi americana, un bolígrafo y taché mi nombre de una lista de mis nombres infinita. Miré mi siguiente nombre, sonreí.
-Otro disfraz hecho añicos. A por otro más.

lunes, noviembre 21, 2011

No hice nada

No disparé sobre la imagen del espejo porque sabía que no habría servido para nada.
No toqué a muertos la campana más alta de mi pueblo porque nadie la habría escuchado.
No invité a cenar a Federico García Lorca porque no habría entendido sus palabras.
No decidí escribir mi autobiografía porque ni un nombre le habría encontrado.
No cené, no por hartazgo, sino porque entonces el vino no me habría colocado.
No hice nada, y ahora, a la hora de mi muerte, ni el verdugo en venir se ha molestado.

domingo, mayo 15, 2011

El asesinato

Llego a dudar en si es real,
en si es cierto y la fantasía es física
y me he vuelto loco
como cuando la locura te posee
y se agranda cada vez que mi aliento muere
en el espejo,
en el cristal donde me veo reflejado
cubierto de una sangre que no es mía
y una cabeza en mi mano derecha
que arranqué con brutalidad.

No recuerdo haberlo hecho
pero me volví loco, eso lo sé,
soy un ser pacífico
y soy incapaz de rememorar lo que hice,
pero sé que lo hice,
lo sé,
demasiado bien lo sé,
siento que lo sé,
sé que lo siento,
y su cadáver desmembrado,
su sangre por las paredes,
por mi ropa
hablan claro:
la he matado en un ataque de locura,
la presa ha caído
y la mierda de existencia que llevaba
se ha consumido,
y me siento bien,
una tranquilidad homicida, salvaje,
porque sé que cumplido con mi mayor deseo:
eliminar el mal en el mundo,
destruirla porque no se merece
nada más que una muerte cruel y dolorosa.

Dentro de poco apestará,
no sé si llamar a la policía o comerme sus restos,
pero me da asco su carne,
tanto que creo que voy a vomitar
si lo sigo pensando.

Es una pesadilla porque yo no lo he hecho,
me he condenado, a ella la he asesinado
-lo que no es intrínsecamente malo-,
y el miedo irrumpe: ¿ahora qué?
pero, luego pienso, era lo que tenía que hacer.

Era lo que tenía que hacer para no volverme loco,
pero me he vuelto loco y lo he hecho.
Otra locura, otra muy diferente he evitado,
ésta me asusta, y me da poder,
me siento el rey del Hades, como si hubiera arrancado
la cabeza de la misma Medusa, y tras coronarme con ella
hubiera sido el elegido en volver a construir el mundo
del mal, del miedo,
sobre sus restos mortales esparcidos,
los huesos, los tendones sueltos,
las arterias y venas colgantes.

Está muerta, y yo me he vuelto loco.
le arranco un ojo, lo miro colgando en mi mano,
lo tiro a la pared,
detrás tiro la cabeza
y sonrío.
Alguien debería inmortalizar mi obra.
Yo no puedo, también estoy muerto.

sábado, enero 15, 2011

silencio

Las palabras matan,
como las ideas y los pensamientos,
mientras el corazón de la condición humana
llora desconsoladamente,
preso de la más profunda inanición.

Como los billetes de la fábrica
de moneda y timbre -que quedó obsoleta
y a nadie le importa-
que pronto se caerá, ruinosa,
pasando a ser un recuerdo
del que usó la palabra.

Las armas son simples herramientas.

Las miradas matan y el papel con tu nombre
es un certificado de defunción preventivo.

Como el miedo que guía hoy el subconsciente,
es el motor de la muerte,
como tus silencios cada vez que te miro
y me doy cuenta de que se ha acabado.


(uhm, qué emo me ha quedado al final)

sábado, diciembre 18, 2010

siempre

en cualquier sombra, cualquier esquina,
cualquier lugar lejano al sol,
cualquiera entre sinuosas calles,
cualquiera donde reine el silencio nocturno
que como un huesudo perro
avanza enmudeciendo portales
puedes encontrarme

soy la silueta que vive en tu ojo soslayado,
el cero kelvin de tu aliento
avanzo sereno, impasible,
quizá lleve un corazón en la mano
o un puñal, o un contrato de trabajo
o una botella de vino descarriado,
pero eso da igual

estoy ahí, contigo, siempre,
no me puedes burlar,
no me puedes engañar, falsear,
esquivar, esquinar, estibar

soy tu amante más fiel y perseverante,
el más gallardo y confiado,
sé que te conquistaré

y que tú te entregarás a mí