Es como si las tripas empezaran a retorcerse, a girar dentro de la barriga, antes de la columna, y quisieran salir en dirección opuesta a la que imaginas. Con vida propia, retorciéndose de dolor, y con ellas yo, y con ellas los colores, que cambian a color tripa retorcida, dibujándose en bocas que hablan.
-No puedes escribir. No puedes crear.
Y se repite. Se repite. Y respiran, lo oigo, su cadencia es mi cadencia, en el delirio, y el el frío, que arde en contraste con el gusano que ahora son mis intestinos que empiezan a salir a través de mi ombligo. Intento retenerlos dentro, no puedo. Quisiera tener un machete para cortarlo y que la cabeza del gusano cayera, sus afilados dientes en su boca circular me acojonan, y sus ojos rojos, vacíos, sin vida, me observan. Mis manos lo envuelven, intento estrangularlo, pero continúa saliendo llenándolo todo de sangre. A borbotones.
-Eso es lo único que puede salir de ti. Mierda y gusanos.
-Que te jodan -contesto.
El gusano sale, y me envuelve. Me asfixia él a mí, está en mi cuello, en mi cara, me cubre los ojos y su textura gelatinosa, como a baba de caracol me envuelve. Es asqueroso. Quiero vomitar, pero no puedo. Me mareo, bordeo la pérdida de consciencia.
Me despeja el violento golpe del gusano contra mi boca y mis dientes, reventándolos; reventando la mandíbula. Baja a toda velocidad por mi garganta, siento que me desgarra el esófago, destroza el estómago, y mis entrañas se esparcen por toda la habitación. Lo único que queda de mí es medio cráneo, que sobrevive lo suficiente como para ver mis vísceras por todas partes, sangre, y un enorme gusano reptando hacia algo que se parece a mi corazón, con la boca abierta. Está hambriento.
"La verdad, no envidio a Mónica Lewinsky." Vaya mierda de último pensamiento.