He vuelto.

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martes, marzo 09, 2010

Robespierre quiere cortarme la cabeza

Robespierre quiere cortarme la cabeza. yo no.
Silencio.
Las voces que llegan del bosque son tétricas, oscuras

Siempre la traté bien.
¿Qué pretendía cuando empezó a bailar así?

Estoy escuchando funk
pero los documentales ya acabaron.

La artificialidad es tan natural como los hormigueros

y me la comía a besos. tendrá que imaginárselos

ríe nerviosa cuando digo obscenidades,
(con clase, por favor, no se piense usted que yo...)
pero no me paso
no se lo esperaba
está vedada.

get back, get back

Robespierre no quiere cortarme la cabeza
porque está muerto.
yo sí, pero no me la puedo arrancar
me da tanto miedo el dolor
y no tengo ni idea de cómo lo puedo hacer
¿a estirones?
¿a empujones?

mientras, una negra dice no-sé-qué de pecados
¿qué pecados? he perdido el significado de tantas palabras

hoy se han olvidado de quitarle sol al sol

domingo, febrero 28, 2010

yo soy

yo soy la voz
yo soy la palabra
yo soy el bien
yo soy el mal
yo soy el verbo
y soy el adjetivo
yo soy la salvación
y la condenación
yo soy todo
lo que tú nunca podrás ser
yo soy el silencio
yo soy el ruido
yo soy el círculo
que envuelve la verdad

yo soy el bautizo
y soy la extremaunción
yo soy el juez
yo soy el verdugo
yo soy el exculpador

y yo soy el diablo
cuando va vestido de dios
y yo soy dios
cuando va desnudo

yo soy la cicatriz
yo soy la herida mal curada
y el muñón
y la reconstrucción perfecta
y el libro de filosofía
y el necronomicón

yo soy el águila
yo soy el escorpión
yo soy quien te dice
lo que no quieres oír
yo soy quintacolumna
yo soy héroe libertador
yo soy un tío bueno
y un estafador

soy tantas cosas que
a veces olvido quién soy

domingo, enero 03, 2010

respiración

Acelero y escucho cómo el motor responde con su ronroneo agresivo. Atrona Megadeth en la radio del coche (gracias Tanya, nunca le presté atención al señor Mustaine hasta que apareciste tú con tu verborrea y tu sexo latinoamericano) mientras miro de reojo el reloj. Las dos de la mañana. Y no hay nadie en la ciudad, está todo desértico tras la orgía politoxicómana anticrisis de pocos días antes. Porque ya estamos en dos mil diez y durante un día aquí no ha pasado nada. Miro de reojo el reloj, mientras mantengo mi atención en las señales de la carretera que me indican mi destino, pero no estoy ahí, es sólo conducir. Mi cerebro, mi condenado y cada vez más desgastado cerebro hambriento de silencios con olor a cuerpo femenino y preso de sí mismo; quiere respuestas.
¿Pero por qué quiere respuestas?
¿Qué respuestas quiere oír?
No lo sé.

Lo único que se me ocurre es: respiración. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Respiración. Es, quizá, la forma de escapar de uno mismo, de hacer caer la cerradura. Mientras pienso en la respiración no pienso en todo lo demás que me suele rondar por la cabeza, y que, joder, no es yo. Lo noto cuando busco frases, como la primera, o segunda, o la última que escribí ayer. La buena, la que lo domina todo, la que alfa-omega el texto, nace tras respirar, y luego ¿por qué contengo la respiración si sé que esa frase ya ha pasado al olvido y lo único que queda es la humedad de las gotas de rocío que tuve por unos segundos en las palmas de mis manos temblorosas? Creo que es eso, pienso en anotarlo pero cuando lo haga estaré en casa y me habré olvidado, dejando tan solo un resquemor de 'idea buena perdida', con un 'otra puta vez' delante, detrás, en medio, sobre, bajo, antes y después de. Yo no respiro. Yo tomo oxígeno, el necesario para sobrevivir, y echo el dióxido de carbono sobrante, como la máquina biológica que soy. Y analizo los aromas, y recuerdo la rubia a la que le dejé el coche la otra noche salvándole la vida como ella misma dijo, y me imagino su olor, sus olores. Me obsequio una sonrisa forzada: no estaba mal la muchacha.
Soy una puta máquina que no sabe vivir, por mucho que diga en mi carné de identidad que nací y que estoy vivo. Y todo porque no respiro, por tanto: ¿qué exhalo? Nada. Ruedo de inercia como siempre he hecho, contra una pared. Tomo una rotonda y mi cerebro viaja a uno de los mapas multijugador del Half-Life en una partida arruinada por el lag, donde los personajes aparecen corriendo contra la pared, o en el aire en perpetuo e inútil movimiento. Así soy yo, víctima de la latencia bajocero porque no sé respirar, y otra rotonda.
Seguramente ésa sea una buena respuesta a la pregunta. No lo sé, y mientras atravieso el siguiente pueblo asumo lo que hay, que lo olvidaré y seguramente en otro momento volveré a recordarlo o a llegar a una conclusión similar, y me arrancaré una sonrisa falsa recordando otra chica y lo que pudo ser y no fue porque no respiro.

martes, marzo 31, 2009

1992

He sentido un escalofrío al leer "1992" al lado de "Bone Machine". Joder, el noventaydós, ¿recuerdas? Una de las primeras cosas de las que tengo un recuerdo real es la ceremonia de inauguración de las olimpiadas de Barcelona, con el espectáculo de la Fura dels Baus y la canción interpretada a la vez por una gorda y el tío que cantaba rapsodias bohemias en uno de los discos que tenía mi padre por casa. Dieciséis años después estoy pensando en cómo quedé fascinado por el espectáculo ignorante de que había alguien creando obras maestras. Mi universo se reducía a una puta cinta de vídeo donde, de vez en cuando, podía leer la historia vista una tarde de verano por televisión; nada ha cambiado. Hacer uno, revivir mil, y al final con suerte añadir uno más para reiniciar el proceso. Y mientras tanto había alguien creando obras maestras. Ahora lo escucho y se me pone la piel de gallina, es lo opuesto, lo negativo a la inauguración. Música que invita a encerrarse en uno mismo, a enterrarse y a derramarse en un montón de sueños, de historias negras cantadas; "Barcelooonaaa" cantaban, todo brillante, resplandeciente, nuevo; más de tres lustros después es lo retorcido, lo oscuro y pasional, irracional lo que mueve mis nervios y en lo que pienso cuando enchufo la guitarra. ¿Qué queda de las olimpiadas? Fermín Cacho mirando de reojo, los Manolos y Arantxa Sánchez Vicario; el príncipe llevando un palo con un trapo atado a él: recuerdos. Pero de recuerdos no se vive, de recuerdos no se crea: se recrea. Hasta que todo lo recreado se hace viejo y muere, pudriéndose en el suelo, lejos de lo que hace latir mi corazón.

Ni siquiera era consciente de cómo funcionan las cosas, de lo artificial que era lo que me hacía vibrar de tan pequeñajo; idiota de mí, soñaba con ganar alguna medalla. Me lo creí durante algunos segundos, y mi inconsciente me traicionó alguna que otra vez entre las sábanas. Pronto descubrí que no eran más que sueños, que lo mío era otra cosa: vagar en silencio. Si al menos hubiera quemado mi cuerpo con drogas... pero no (me impactó el anuncio de la cocaína y el gusano, también de por esas fechas), decidí que cuando acabara con todo lo que tenía que hacer empezaría a suicidarme. Como Hendrix, Cobain y Joplin a los 27 al hoyo. Sería alguien y podría morir en paz, en el centro del gran show montado por la Fura dels Baus moderna, como un emperador que recibe santa sepultura en el centro de la capital en un funeral de estado. Pobre iluso. La gente tendría cintas de vídeo con mi funeral, y vibrarían, y llorarían, y se emocionarían con él, como yo me emocioné con lo que supuso el fin de fiesta del falso período de engorde previo a las olimpiadas y la expo.

Pero todo eso ha muerto, ahora solo queda una voz grabada más o menos por las mismas fechas en las que construí mi futuro gritándome "tell me who are you this time". Nasnoches.

miércoles, marzo 18, 2009

Mañana concierto

Mañana (u hoy) concierto y yo pensando en mujeres. Sí, joder, pasado revuelto en sueños de cristal. Sin fin. No me gustan los recuerdos porque por definición tan solo sirven para recordar, pero son casi las cinco de la mañana y no tengo ganas de acostarme (aunque sé que en el mismo momento en el que toque las sábanas me dormiré). Es duro dormir solo. Después de tanto tiempo ya casi ni recuerdo lo que es tener más calor que el proporcionado por las mantas (simple rebufo del mío propio) y con la persiana bien arriba para recoger la poca luz que llega desde la calle. Mujeres. Con sus cuerpos turgentes y su olor a... mujer. Tango epitelial. Ni idea de lo que supone todo esto, es como si el universo se fragmentara en dos, desde mi cabeza, a una parte el pasado, a otra el futuro y en medio, sangrante, el presente añorando un cuerpo femenino. Mis ojos cansados ya no pueden ni formar las imágenes de mis recuerdos, de las rubias, de las morenas, de las pelirrojas, de todas y cada una. Esta tarde no pude recordar el nombre de una de ellas y sentí morir algo dentro de mí. No recordar a una amanate. No recordar la etiqueta abstracta de una chica a la que le produje un orgasmo. Para mí una persona no vale más que lo que es capaz de hacer y generar orgasmos en mujeres es una habilidad que tengo en cuenta. Olvidar su nombre es como olvidar sus gritos de placer, es como olvidar la propia identidad de uno convertida en simple objeto, útil generador, fuente de calor femenino. Para eso sirven los varones, para hacer correrse a las mujeres, ellas lo saben, nosotros lo sabemos pero todos hacemos como si fuera al revés.

Será mejor que piense en el concierto de mañana. Buenas noches.

lunes, marzo 02, 2009

Recursividad

Burroughs tiene razón. El lenguaje es un virus. Todo lo controla, reprime la mente. Contagia con tanta facilidad... ahora me doy cuenta, he tenido que sumergirme en otros lenguajes, los de programación, para observar la facilidad con la que unas pequeñas palabras clave mueven montañas. Con las personas es igual. El lenguaje convierte la realidad en una serie de abstracciones. El lenguaje nos dice que somos felices y que estamos tristes. Ser. Estar. Parecer. En inglés es solo un verbo y en castellano tres diferentes. ¿Hacen falta más ejemplos? Un castellanoparlante entiende los tres diferentes estados del "to be", mientras que un británico jamás podrá entenderlos. Hace poco nevó en los emiratos árabes y lo que para alguien que conozca "nevar" lo ocurrido es algo más o menos habitual para un habitante del desierto es algo inconmensurable. Mágico. ¡Agua en forma de cristal! No lo entendían. Es el lenguaje quien hace los pueblos, no los pueblos quienes hacen el lenguaje. Es el noble arte de la villanía, la proletaria lucha de la realeza, la fuerza de los sintierra dando a entender que existen "con tierra", sus enemigos, o sea, un intento para convertirse en contierra, dejando a los contierra actuales como sintierra, pura recursividad. Las acciones, actuaciones, interpretaciones de guiones vienen encapsuladas y controladas por el lenguaje. Sin él no existirían alcohólicos, maricones, soldados, vencedores o vencidos. Nada existe hasta que el lenguaje lo califica. Como la nieve árabe. Como todo. Es la prisión perfecta, como dice Burroughs, encerrando la realidad en un papel, en cuatro frases. Dios no es inconmensurable. Dios es papel. Dios es palabra. "Y se hizo verbo" (o algo así), así de simple. Dios es el lenguaje. El lenguaje es el enemigo. Reprime. Constriñe. Es una forma inválida de comunicación porque mata. Mata más que todas las guerras del mundo, que todas las armas porque todo lo reduce, es como cuando metes la mano en ácido: solo quedan los huesos. Y éstos, sin nervios, tendones, se caen. El receptor monta el puzzle como sabe, porque no tiene otras instrucciones que el lenguaje que hay en su cabeza y, como tiende a la limitación, convierte catedrales en montones de piedra inútil. En Roma, después de la caída, usaron el Coliseo como cantera para construir San Pedro. El día de mañana, cuando Roma vuelva a caer, quizá usen San Pedro para construir el Coliseo. Recursividad