Sí, claro que conozco mi condición de borracho,
y de perro que busca olores en las esquinas
para marcar y mear.
Claro que sé que ahora debería estar dormido
o, como se espera de alguien de mi condición,
de fiesta bebiendo hasta acabar mirando como un chino
y doblándome a mí mismo con comentarios
que ofenden mi inteligencia
y me harían vomitar si los oyera de día.
Claro,
pero estoy en la cama, hundiéndome en mi cabeza
mientras mi piel me traiciona,
mis dedos me traicionan,
mi propia voz decide unirse a ellos
y también me traiciona,
como mi cerebro, tan dado a dejarse llevar
por los efectos del alcohol,
como incluso mi propia desnudez,
que ya no reconozco como mía
y Narciso no me provoca más que repulsión.
Pero es lo que tengo, es lo que soy,
aunque mi único deseo es arrancarme el esternón
y huir de mí no puedo, tan solo consigo
mierda
y miedo
porque me aterrorizo
sin ti
y sin el Vince que yo quise ser
que se pierde entre tóxicos
buscando en el camino equivocado la respuesta
que siempre quise y decidí no tener
más que en faldas, en bocas, en cuellos y gotas.
¿Cuándo asaltaremos Brest-Litovsk?
He vuelto.
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domingo, mayo 15, 2011
martes, septiembre 14, 2010
lunes, julio 19, 2010
jueves, julio 01, 2010
hyde
me doy cuenta de que no me interesa
nada de lo que leo, nada de lo que escucho,
ni quedar bien,
ni quedar mal,
ni sonreír, ni pensar en cómo ser integrado,
respetado por los otros.
incluso respetado por la taza que me mira mal
porque la dejé sin café.
y mi cuerpo se queja: solo le meto eso y cerveza.
estoy destrozado por dentro y no sé cuánto me queda.
pero me da igual.
estoy enfermo de experiencias, de resaca, de recuerdos
-borrosos la mayoría-
y del sabor de sus labios en los míos.
y el escozor de mi mano al golpearla y estrangularla.
y el zumbido de sus gritos en mis oídos.
he olvidado quién soy, quién era, dónde voy
y esas putas preguntas metafísicas que los griegos
respondieron, o intentaron, antes que yo.
no soy griego, ni soy listo, ni soy sabio.
soy hyde.
nada de lo que leo, nada de lo que escucho,
ni quedar bien,
ni quedar mal,
ni sonreír, ni pensar en cómo ser integrado,
respetado por los otros.
incluso respetado por la taza que me mira mal
porque la dejé sin café.
y mi cuerpo se queja: solo le meto eso y cerveza.
estoy destrozado por dentro y no sé cuánto me queda.
pero me da igual.
estoy enfermo de experiencias, de resaca, de recuerdos
-borrosos la mayoría-
y del sabor de sus labios en los míos.
y el escozor de mi mano al golpearla y estrangularla.
y el zumbido de sus gritos en mis oídos.
he olvidado quién soy, quién era, dónde voy
y esas putas preguntas metafísicas que los griegos
respondieron, o intentaron, antes que yo.
no soy griego, ni soy listo, ni soy sabio.
soy hyde.
viernes, marzo 12, 2010
ella pasó por mi barrio
ella pasó por mi barrio
y se acordó de mí
se acercó a la puerta
llamó
esperó
se impacientó
y tan solo
obtuvo silencio
como respuesta
no estaba
esa noche la dormí
en el calabozo
porque también
me acordé de ella
pero
en vez de acercarme
a su puerta
me amorré a una botella
y se acordó de mí
se acercó a la puerta
llamó
esperó
se impacientó
y tan solo
obtuvo silencio
como respuesta
no estaba
esa noche la dormí
en el calabozo
porque también
me acordé de ella
pero
en vez de acercarme
a su puerta
me amorré a una botella
sábado, noviembre 29, 2008
Piromanía

Nunca había querido contarme su historia,
ni hablar de cómo había llegado
hasta ese punto de
descontrol en el que se encontraba.
Lo único que me había revelado
de su anárquica historia
lo contaba a través del graznido del vaso
al chocar contra la mesa,
pidiendo más alcohol.
Cuando lo escuché cinco veces
en menos de un minuto
empecé a comprender:
algo iba mal en su vida.
Su vidriosa mirada se abrió
de par en par.
Una capilla encontré
entre el cristalino y la retina,
con un lienzo al fondo, compuesto
a base de parches de papel moneda
y tiempo gastado en construir
algo que (no sé por qué
se extraña tanto) siempre
ha acabado por derrumbarse.
En vez de cúpula una gran vidriera
dejaba pasar una luz extraña:
sus colores, entre pastel y lúgubre,
hablaban de un modelo, un
arquetipo,
un objetivo irrealizable.
Bajo semejante faro
nada podía brillar con luz propia,
acelerando su fin.
Pude ver en medio un hombrecillo
con su aspecto,
con bidones de una gasolina
con aromas etílicos a su alrededor
y tres cerillas en la mano derecha.
Su torva sonrisa proyectaba
una irrefrenable piromanía;
quién sabe: hoy, mañana...
acabará en el buche
de alguno de los buitres
de tirada nacional.
lunes, agosto 04, 2008
Alcoholismo

Diez, doce, veinte cervezas.
Botellas envueltas
en delirium tremens o
en viejas noticias de mañana o
en nuevas de anteayer.
El cerebro da vueltas, exige más...
...pero al hígado no le gusta la idea.
Alcoholismo.
La luz se distorsiona, arriba es abajo
y abajo es el suelo,
Dicen que si es por baja autoestima,
poco amor (propio o ajeno,
más bien ajeno),
adicción toxicómana.
Alcoholismo.
Generalmente suele ser
más sencillo,
una sola palabra:
a b u r r i m i e n t o
(dos acordes de
Kurt Cobain)
a botellazos enterrado.
Hormigas entre las sienes,
cosquilleos donde antes había piel.
Alcoholismo.
No se me levanta.
Da igual, yo tampoco. El suelo es
muy cómodo,
me recuerda al
regazo
de la última Venus
que me acogió
(¿te acuerdas, cariño,
nuestras orgías de
vómito y semen? Qué asco.
Intento olvidarlo, pero me cuesta).
Mañana no me acordaré
de nada. Otra vez.
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