He vuelto.

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lunes, febrero 15, 2010

Fondo de maquillaje

Blanca nunca fue una persona muy ordenada, sin embargo sí mantenía una escrupulosa y metódica organización en lo referente a los productos de higiene personal, en el maquillaje. Era algo casi automático, un proceso que empezaba y acababa y donde el cerebro siempre quedaba relegado a un agradecido letargo después del duro trabajo que supone madrugar y ducharse. Los miró, puestos a la derecha del grifo según la prioridad de uso y después se miró al espejo, igual que siempre. Se fijó en sus ojos verdes. Le encantaban. Era lo único que le gustaba de su cuerpo minusvalorado. Se fijó en sus labios que le parecían demasiado finos, y en sus orejas, o en su pelo lacio, no del todo perfecto.
Tenía las facciones cansadas, tristes. Más tristes de lo normal. Llevó su atención hacia los productos, tomando la esponjilla, haciéndola rozar sobre el fondo (esa mañana había pensado en aplicarse algo sencillo, poco llamativo; no estaba con ánimos) y llevándola hacia el punto de su mejilla donde siempre aplicaba la primera caricia cromática.
Se detuvo.
La esponjilla estaba a un centímetro de su piel, pero la imagen devuelta por el espejo no era ella. Técnicamente sí, pero con unos cuantos años menos, no le costó reconocerse. Se quedó paralizada, lo único que se desplazaba era una lágrima que, triunfal, paseaba mejilla abajo. Era la niña que llevaba dentro, la que empezó la situación en la que se encontraba, y su mirada le pedía una explicación.
Pestañeó, pero nada cambió. La mirada de ella niña se volvió más dura.
-¿Por qué ha pasado todo ésto? ¿Por qué lo has permitido?
Blanca sentía sus lágrimas resbalándose más y más rápido, hacían lo mismo por su ella niña. Eran las mismas. No podía hablar. La esponjilla cayó desde sus dedos, su mano descendió lentamente. Las respuestas se anudaron en su garganta. Dolía. Como su cabeza, su pecho, su estómago.
-¿Por qué? -repitió ella niña.
Se sentía a punto de desmoronarse. Débil, herida de muerte. Pestañeó.
El rostro, con el pestañeo, perdió vida, piel, carne. Se convirtió en una faz putrefacta, llena de pústulas, sangre, y hueso en algunas partes. Las cuencas de los ojos vacía.
-¿Por qué me has matado?
Un puño agredió la puerta desde fuera.
-¿Quieres salir de una puta vez del baño? Maldita seas.
Se giró, asustada. El pestillo la protegía. Cada una de las sílabas y los golpes en la puerta la atravesaron como si su cuerpo fuera de mantequilla. Hacía tiempo que sus palabras tan solo le causaban sufrimiento, eso y sexo egoísta (ya no podía recordar la última vez que llegó a un orgasmo con él, si es que lo había hecho alguna vez) era lo único que recibía a cambio de su devoción. Cuando volvió al espejo comprobó que su rostro volvió a ser el mismo de siempre, el de la devota de un Dios Caído, un Diablo disfrazado con las ropas que ella le puso. Su cara estaba cubierta de lágrimas, desnuda. Vacía de vida desde hacía años. Por eso era para ella tan importante maquillarse, era no pensar en el asco que se daba a ella misma.
-!Joder! -dijo la desagradable voz masculina.
-¿Era esto lo que querías, Blanca? -masculló, luchando por no volver a sus tres años, por no morir por un abrazo que le dijera que todo estaba bien. Que todo se arreglaría.
Porque sabía que nada se arreglaría ya, se veía sin fuerzas.
Ya estaba muerta.

martes, enero 05, 2010

la corona

la miro, vacío, a los ojos,

y veo que está muerta.

y me dice: 'hola'

pero está muerta.

sus gestos son pesados,

su voz cadenciosa

pero rota

rota por los golpes por las palabras

rota por la tumba a la que entró

voluntariamente.

treinta y ocho años

y diez mil de resto humano.

y aún guarda la foto del verdugo

en la pared, tras ella, coronándola,

y la lleva siempre encima

aunque esté desnuda

porque está muerta

y solo recuerda la foto

jueves, septiembre 24, 2009

faldas

Preservativos de tela
hacia el techo.

Parecen vestidos.

Son mujeres.

Una dentro de otra.

Sobre la falda otra falda.

¿Por qué me resulta
tan familiar?

martes, agosto 19, 2008

La estupidez de una garganta sin voz


Maldita seas,

cómo sacarte de mi cabeza

si tengo esos ojos grabados

a fuego

en mi retina.

Cómo decirte aquello

que ya no recuerdo, porque es eso,

¿verdad?

¿O no?


Sabes que es verdad,

ahora y siempre,

nada ni nadie, tras sus lentes tintadas,

da lo que aparenta querer dar.

Raquíticas palabras que no saben expresar

antiguos latidos por tantos (¿te incluyo?) olvidados.


Aunque sé que jamás me leerás, no me importa,

rajo el papel con mis entrañas.

Da igual.

Ignoro si sirve para algo.

Luz exhuberante, ¿quieres iluminar mi voz? ¿O insisto?

jueves, julio 24, 2008

Carcoma


No puedo olvidarlo.

Sigue ahí, como si fuera

ayer.

Como si fuera

ahora:

el preciso instante

en el que supe que ya

no me amabas.

Busqué tu mirada, busqué

en tus ojos la

complicidad.

La complicidad simple

que compartimos desde

aquel café

helado.

Más allá del sexo.

Más allá de la pasión,

del amor.

Complicidad. Solo eso.

La encontré, pero cubierta por

toneladas de arena.

Sin vida.

Me mentí.

Quise creer que

podía resucitar a los muertos.

Pero eres fuego,

y como fuego

pasaste sobre mí, arrasándome.

Cuando quise darme cuenta

ya estabas demasiado lejos:

a trescientos kilómetros

en línea muerta.

Era estúpido seguir con aquello.

sábado, julio 19, 2008

La diosa del pecado




Con aromas del oriente
y pendientes de coral
la bella mujer serpiente
baila sola en el local.
La envuelve un amalgama
de tabaco y de sudor,
mientras un piano brama
viejos himnos de amor.

Acomodado en la esquina
de los perros sin collar,
entre alcohol y nicotina,
fuego y hielo en el bar;
memorizo su cadera,
me dejo hipnotizar
por sus ojos de madera,
por su forma de bailar.

Es la diosa del pecado,
es la diosa del pecado,
y esta noche bailará
para mí, para mí.

Se me acerca y me besa,
me regala su sabor:
absenta y gotas de fresa
en su aliento embaucador,
Con un "llévame a tu casa"
me invita a abandonar
el antro de luz escasa
y de sueños por soñar.

Es la diosa del pecado,
es la diosa del pecado,
y esta noche bailará
para mí, para mí.

Tras un rato conduciendo
llegamos a mi portal,
dudo por si estoy viviendo
una ilusión irreal,
mi voluntad se ha dormido,
me estoy dejando llevar,
soy su esclavo poseído,
no tengo opción de escapar.

Es la diosa del pecado,
es la diosa del pecado,
y esta noche bailará
para mí, para mí.

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("La bailarina del templo"-shokry Mohamed.)

Sí, ahora me ha dado por escribir letras-poesías, a ver si me animo (o lo hace alguien por mí) y crece hasta convertirse en algo más.

jueves, julio 17, 2008

Margot



La vieja Margot, fumando en un portal
aun recuerda sus años de Carnaval,
ser el centro de miradas y pasiones
en un tiempo de encorsetadas emociones

Pensaba en la copa de vino vacía
esperando el saludo de un nuevo día
entre hoteles y camas de matrimonio,
secretos de hombres de gran patrimonio.

Innumerables besos generosamente
desperdiciados desesperadamente
buscaba hallar en el amor de entrepierna
algo que hiciera hervir su alma eterna.

Se recuerda bailando sola en la pista,
acto único y central de la revista,
seduciendo con sus ojos de hielo
desde la nube gris de terciopelo.

Rememora, sentada,
la belleza destronada,
su época dorada
de amantes sin amor.
Con los dedos abrasados
por cigarros olvidados,
es la princesa sin soldados
y la marchitada flor.

Los años fueron pasando, y los sueños
mudaron en pesadillas de mil dueños.
Vive alquilada en la pensión Indigencia,
cerca del río, calle indiferencia.

Pasó de acariciar torsos a pedir
clemencia entre gentes de mal vivir,
Con suerte alguien logra reconocerla
pero, ¡ay! que a veces es mejor no verla.

Los que antes eran caldos de Borgoña
hoy son de Don Simón, y es la ponzoña
de las noches sin luna la que envenena
su corazón consumido por la pena.

Y hoy la vieja Margot, sombra de ella misma,
reina exiliada en una marisma,
viviendo de cabeza cuentos sin fin
y agitando la quijada de Caín.

Rememora, sentada,
la belleza destronada,
su época dorada
de amantes sin amor.
Con los dedos abrasados
por cigarros olvidados,
es la princesa sin soldados
y la marchitada flor.


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(Imagen extraída de: ELPAÍS.com)