Tenía las esperanzas de que el vuelo fuera Luxor - Alejandría - Sharm el Sheik. Me equivocaba. Primero volaríamos hacia el mar Rojo y después hacia el Mediterráneo. Estábamos rodeados de anglosajones rubicundos, como en casi todo el viaje. Gente de bien, con una mirada satisfecha a la vez que cansada por todo lo recorrido, e ilusionada en ver el próximo destino. Ahora lo pienso y me doy cuenta que el vuelo siguió un trayecto lógico. Aunque están a la misma distancia las dos ciudades no iban los egipcios, muy cucos ellos, a cansar a los guiris con una hora más de viaje. Antes que se jodan los que viajen a la segunda ciudad más importante del país.
No sé por qué se me ocurrió que, quizá, nos podían dar cena. Supongo que motivado por las dos horas de viaje que nos esperaban. Tras una hora y un medioadormilado viaje llegamos a Sharm el Sheik. Nos quedamos prácticamente solos, a excepción de dos hombres de cara redonda y roja que se sentaban juntos. Más de media hora después embarcaron los nuevos viajeros.
La ruta Sharm el Sheik - Alejandría no debe ser muy turística. En media hora nuestros acompañantes habían mudado de piel, pasando del rosa al marrón. Y todos feos. Ellas no tanto, pero claro, eran jovencitas, se cuidan mucho para sus mariditos si tienen su consentimiento, supongo, y con aspecto de pertenecer a la clase alta del país. Sobra decir que los pobres de solemnidad, que son la inmensa mayoría, no tienen cuartos para viajar. ¡Qué diferencia! Los turistas olían mejor. Y eran más guapos.
Un encadenamiento de paridas, voces altas en español y una hora después llegamos a Alejandría. Nunca antes había estado en una zona productora de petróleo. No sé si volveré a acercarme a alguna. ¡Qué peste a gasolina quemada! O puede que fuera debido al tráfico de la ciudad que, como creo que ya he comentado antes, es caótico, descontrolado, salvaje y a oscuras, como el de El Cairo. Y yo que pensaba que en Buenos Aires conducían mal.
Dicen que Alejandría es una de las ciudades más bonitas del Mediterráneo. Creo que esto último me lo acabo de inventar. Vaya mierda de poblacho. Sí, la avenida del mar es medianamente bonita, con sus barquitos, su castillo al fondo y sus casas de estilo colonial salpicando cual gotelé exhausto el lado opuesto a la playa. Pero, sinceramente, para ver un paseo guapo mejor quedarse en España. Sus garitos para la jet-set dejan al merendero Manolo al nivel de El Bulli de Adrià. Fuimos a un restaurante, el Housmy o algo así, que se suponía que era de lo mejor de la ciudad, y bueno, en nuestra madre patria cualquiera con un poco de buen gusto dudaría en entrar en un localito así. Sus heladerías son misteriosas, casi como jugar a la ruleta rusa sustituyendo las balas por helados. Pedí uno de chocolate que tenía de todo menos chocolate. En la tarrina habían, a parte de un misterioso marrón, colores como el rosa o el naranja-amarillento. Me encanta el chocolate, es más, sería adicto si esa deliciosa sustancia fuera considerada adictiva, pero no pude acabarme la tarrina.
La ciudad tiene dos caras, como todo el país (y como la zona de la playa de todas las ciudades españolas): una de "imponentes" edificios, hoteles occidentales, y tras ella las calles sin asfaltar donde jóvenes varones pasan la sobremesa escuchando música o riendo. No están muy acostumbrados a ver occidentales y "occidentalas", era divertido ver cómo sus ojos bajaban y subían, deteniéndose todos a unas mismas alturas. Menos mal que no se trataba de mi pareja y que, aún si lo hubiera sido, no soy celoso. Para las tímidas: dejaos la ropa ajustada en casa si queréis ir a este tipo de países.
Más divertido es observar esto mismo en las zonas rurales, donde sólo han visto a un rostro pálido en la televisión. Es muy intensa la sensación de sentirse observado por TODOS los ojos presentes en la zona. Incomoda muchísimo. Te miran, te estudian, te juzgan y piensan: "¿estos europeos qué hacen aquí?" Debe ser muy parecido a lo que sienten las cobayas de laboratorio. O aquel hombre que va desnudo por Barcelona excepto por un slip tatuado y una mochila. Curiosidad. Al menos he de decir que no había odio y desprecio, como ocurre con los que vienen de fuera a nuestro país.
Al tercer día de estar en Alejandría nos despedimos de la familia, y en taxi fuimos de la ciudad del Magno hasta El Cairo. El trayecto duró más de tres horas, entrando aire por la ventana que no cerraba bien o por los costados del asiento trasero del vehículo, un 504 que de 504 sólo debe quedar la carrocería. En cada extremo del salpicadero habían corazones de neón atravesados por una flecha que se iluminaba por partes. El taxista nos puso bakalao. Aquello parecía Pirámide, sobre todo al entrar en la capital, donde la contaminación intoxicaba los pulmones y, literalmente, colocaba.
Estuvimos una de las tres horas del trayecto cruzando la ciudad. El campo de visión alcanzaba, como mucho, treinta metros y no con facilidad. La gente iba sin luces y los peatones cruzaban la vía sin mirar. Fue un viaje bastante duro. Y eso que no tuvimos la suerte de ver cómo el vehículo se iba desmontando pieza a pieza por la carretera. Pudo haber sido peor.
En el aeropuerto unos HIJOS DE PUTA (porque no hay otra palabra, con todo respeto por las profesionales de la cosa pública) con peto del recinto y encargados de poner la maleta en la cinta de rayos X se cargaron una rueda. La encajaron entre las barras que ruedan y, en vez de retirarla y colocarla horizontalmente lo que hicieron fue utilizar su ingenio preneardenthal: fuerza bruta. Resultado: la maleta entrando en el aparato y la rueda en el suelo. ¡Y encima pidieron propina!
"¡España, allá vamos!" Pensé una vez entramos en la zona de embarque. Un consejo: nunca compréis comida en los aeropuertos de Egipto, no os lo recomiendo.
El vuelo se me hizo corto. Me dormí al poco de cenar y me desperté al poco de llegar. Me impresionó la limpieza del aire de Madrid, donde se puede ver a lo lejos y no arden los pulmones durante cada inspiración. Son dos mundos diferentes, uno podrido por externa e internamente y el otro podrido tan sólo internamente.
He vuelto.
Mostrando entradas con la etiqueta Egipto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Egipto. Mostrar todas las entradas
domingo, noviembre 25, 2007
domingo, noviembre 18, 2007
Un loco en Egipto (IV)
-Saladino Magno, el primo de Alejandro Magno.
Vinieron muchos adjetivos para calificar a semejante tipo. Era el guía, un egipcio que decía que tenía el título de arqueología pero que prefería trabajar en el turismo porque así se conoce gente. Las piedras no hablan, pero los turistas suelen ser zafios eurocivilizados con aires de superioridad y estupidez.
Con este buen señor estuvimos un día y medio, que utilizamos para ver Luxor, la antigua Tebas, capital del Imperio durante muchas generaciones. El primer templo, y el más impresionante de todos los que vimos, fue el de Karnak. 2000 años para construirlo, cada faraón que llegaba le añadía algo nuevo a su estructura, y aunque no dudaban en cambiar unos nombrecitos (hola Ramsés II) se veían cosas impresionantes. Ciento treinta y seis columnas anchas como culos de policías zampabollos de NY, representando la laguna de papiro donde se libró la batalla entre Horus y Set.
Una cosa curiosa que hacían los antiguos era que si un faraón moría antes de acabar su obra la dejaban a medio terminar. Pensaban que traía mala suerte. Gracias a ello *arqueólogos* como Saladino conocen los mecanismos de construcción de hace tres mil años: Básicamente rampas de tierra.
Karnak está en ruinas. Los terremotos ya no respetan ni a los muertos. Una pena.
Por la tarde fuimos a Luxor, primero al templo con el que comparte nombre, enclavado en la ciudad aunque es más correcto decir que la ciudad ha crecido en torno al monumento. Es hermoso vivir en una ciudad que aúne en su interior restos arqueológicos y edificaciones modernas. Lástima que sea en Egipto, un país tan... sucio, tanto ética como estéticamente.
El templo sí, hermoso. Como todos. Con sus estatuas de Ramsés II por todas partes, el muñón de uno de los dos obeliscos custodios de la entrada, regalado a Francia (como ya comenté a cambio de un reloj que no funcionó jamás), piedras, y reciclajes del templo al cristianismo y al islam.
Después de la ruina dimos una vueltecita por el pueblo en calesa. Por sus callejones y su mercado nocturno, que de diferencia del diurno en que ya no está el sol sino la luna observando las transacciones. ¡Había mujeres sin velo! Coptas, seguramente. Un mercado, como puede ser el del martes de aquí, extendido por las oscuras calles. La mayoría de productos eran alimentarios, se mezclaban los olores de las especias con las telas que colgaban de innumerables cuerdas Un paseo agradable. Además, es una ciudad pequeña (+-800.000), tranquila y limpia, ya que viven del turismo. Agradable. Bonita postal en movimiento.
Por cierto, ¿he comentado lo bueno que está el café turco?
A la mañana siguiente, bien temprano, fuimos al fin del mundo. Al valle de los Reyes, donde reposaban los faraones del Imperio Nuevo. El infierno, si existe, debe ser algo así: vagar solo entre esas montañas de piedra, secas y muertas, bajo un sol cruel e inclemente. Sin duda es lo que más me ha impresionado del viaje. Es como mirar el hogar de la muerte cara a cara. Se veía muerte, se respiraba muerte, se oía muerte. Lástima de turistas.
Nos dejaron entrar a 3 tumbas, las de Ramsés I, Ramsés III y Ramsés IV. La de Ramsés II, la más profunda (cada Faraón se dedicaba en vida a hacer más y más profunda su tumba, y cuando moría se le enterraba), estaba de reformas. Sentí que estaba entrando en uno de los lugares más sagrados del mundo, entre el asfixiante aire y la sensación de inmortalidad de aquellas paredes cubiertas de figuras de dioses. Creo que perdí un poco la cordura, y como poseído me puse a defender ante herejes capitalistas la idea de llevarse al otro mundo un puñado de las riquezas y objetos rituales con el que eran enterrados.
Después del valle fuimos al templo de la faraona marimacho, la celosa Hapsetpsut. Mis reservas ya estaban quemadas, entre el ataque de misticismo de un rato antes y el calor no estaba muy en mis cabales. El agua huía de mí a través de mi piel, empapando mi ropa el poco tiempo que el sol le dejaba. No llegamos a entrar, tal era nuestro estado general. Fue suficiente con contemplar la majestuosidad del monumento reconvertido a monasterio cristiano. Contemplar a Anubis cara a cara, ver su hogar vacío...
Volviendo pasamos por los colosos de Memmon. Dos faraones XXXL de piedra de los cuales uno de ellos, debido a un terremoto, se rompió y cuando el aire atravesaba sus fisuras silbaba. Esto enamoró a los griegos. Los romanos, más prácticos, lo repararon. Dejó de silbar.
Volvimos al barco, para descansar, ducharnos y prepararnos para el vuelo a Alejandría. Nos despedimos del Nilo y vimos cómo vinieron 6 portamaletas para 5 maletas. Y todos querían propina. Cosas del país.
Facturamos, pasamos los controles, entramos, cenamos la peor pizza que he probado en mi vida y subimos al avión Luxor - Sharm el Sheik - Alejandría.
Vinieron muchos adjetivos para calificar a semejante tipo. Era el guía, un egipcio que decía que tenía el título de arqueología pero que prefería trabajar en el turismo porque así se conoce gente. Las piedras no hablan, pero los turistas suelen ser zafios eurocivilizados con aires de superioridad y estupidez.
Con este buen señor estuvimos un día y medio, que utilizamos para ver Luxor, la antigua Tebas, capital del Imperio durante muchas generaciones. El primer templo, y el más impresionante de todos los que vimos, fue el de Karnak. 2000 años para construirlo, cada faraón que llegaba le añadía algo nuevo a su estructura, y aunque no dudaban en cambiar unos nombrecitos (hola Ramsés II) se veían cosas impresionantes. Ciento treinta y seis columnas anchas como culos de policías zampabollos de NY, representando la laguna de papiro donde se libró la batalla entre Horus y Set.
Una cosa curiosa que hacían los antiguos era que si un faraón moría antes de acabar su obra la dejaban a medio terminar. Pensaban que traía mala suerte. Gracias a ello *arqueólogos* como Saladino conocen los mecanismos de construcción de hace tres mil años: Básicamente rampas de tierra.
Karnak está en ruinas. Los terremotos ya no respetan ni a los muertos. Una pena.
Por la tarde fuimos a Luxor, primero al templo con el que comparte nombre, enclavado en la ciudad aunque es más correcto decir que la ciudad ha crecido en torno al monumento. Es hermoso vivir en una ciudad que aúne en su interior restos arqueológicos y edificaciones modernas. Lástima que sea en Egipto, un país tan... sucio, tanto ética como estéticamente.
El templo sí, hermoso. Como todos. Con sus estatuas de Ramsés II por todas partes, el muñón de uno de los dos obeliscos custodios de la entrada, regalado a Francia (como ya comenté a cambio de un reloj que no funcionó jamás), piedras, y reciclajes del templo al cristianismo y al islam.
Después de la ruina dimos una vueltecita por el pueblo en calesa. Por sus callejones y su mercado nocturno, que de diferencia del diurno en que ya no está el sol sino la luna observando las transacciones. ¡Había mujeres sin velo! Coptas, seguramente. Un mercado, como puede ser el del martes de aquí, extendido por las oscuras calles. La mayoría de productos eran alimentarios, se mezclaban los olores de las especias con las telas que colgaban de innumerables cuerdas Un paseo agradable. Además, es una ciudad pequeña (+-800.000), tranquila y limpia, ya que viven del turismo. Agradable. Bonita postal en movimiento.
Por cierto, ¿he comentado lo bueno que está el café turco?
A la mañana siguiente, bien temprano, fuimos al fin del mundo. Al valle de los Reyes, donde reposaban los faraones del Imperio Nuevo. El infierno, si existe, debe ser algo así: vagar solo entre esas montañas de piedra, secas y muertas, bajo un sol cruel e inclemente. Sin duda es lo que más me ha impresionado del viaje. Es como mirar el hogar de la muerte cara a cara. Se veía muerte, se respiraba muerte, se oía muerte. Lástima de turistas.
Nos dejaron entrar a 3 tumbas, las de Ramsés I, Ramsés III y Ramsés IV. La de Ramsés II, la más profunda (cada Faraón se dedicaba en vida a hacer más y más profunda su tumba, y cuando moría se le enterraba), estaba de reformas. Sentí que estaba entrando en uno de los lugares más sagrados del mundo, entre el asfixiante aire y la sensación de inmortalidad de aquellas paredes cubiertas de figuras de dioses. Creo que perdí un poco la cordura, y como poseído me puse a defender ante herejes capitalistas la idea de llevarse al otro mundo un puñado de las riquezas y objetos rituales con el que eran enterrados.
Después del valle fuimos al templo de la faraona marimacho, la celosa Hapsetpsut. Mis reservas ya estaban quemadas, entre el ataque de misticismo de un rato antes y el calor no estaba muy en mis cabales. El agua huía de mí a través de mi piel, empapando mi ropa el poco tiempo que el sol le dejaba. No llegamos a entrar, tal era nuestro estado general. Fue suficiente con contemplar la majestuosidad del monumento reconvertido a monasterio cristiano. Contemplar a Anubis cara a cara, ver su hogar vacío...
Volviendo pasamos por los colosos de Memmon. Dos faraones XXXL de piedra de los cuales uno de ellos, debido a un terremoto, se rompió y cuando el aire atravesaba sus fisuras silbaba. Esto enamoró a los griegos. Los romanos, más prácticos, lo repararon. Dejó de silbar.
Volvimos al barco, para descansar, ducharnos y prepararnos para el vuelo a Alejandría. Nos despedimos del Nilo y vimos cómo vinieron 6 portamaletas para 5 maletas. Y todos querían propina. Cosas del país.
Facturamos, pasamos los controles, entramos, cenamos la peor pizza que he probado en mi vida y subimos al avión Luxor - Sharm el Sheik - Alejandría.
martes, noviembre 06, 2007
Un loco en Egipto (III)
Mi consciencia, en medio de la noche, me despertó a gritos.
-¿Qué haces durmiendo? ¡Tienes que acabar el resumen del viaje por las tierras coptas antes de que se te olvide todo!
-Sí, lo sé -acerté a contestar, entre balbuceante y soñoliento-, mañana me pongo con la tercera parte. Ahora ¡déjame dormir, hostias!
Intentó contesarme, pero mi lámpara se lo impidió. Nota mental: He de conseguir otra, que ésa ya no va a volver a iluminar en su vida.
Asuán.
-¿Ya son las tres? ¡Joder, qué tarde es!
Nos despedíamos de El Cairo con prisas, sueño y teniendo que embarcar a las cinco de la mañana. Como era de suponer llegamos tarde, menos mal que los propicontactos de mi tío nos hicieron saltarnos la cola para facturar. El vuelo a Asuán fue rápido, en menos de una hora estábamos allá, y hermoso, ya que acompañamos al sol en su despertar. Los de las aerolíneas egipcias son unos roñosos, nos dieron sólo cosas para beber, 3 veces, una por cada viaje que hicimos. En ese momento estábamos sin desayunar, con 4 horas de sueño en el cuerpo y lo último que me apetecía era que me preguntaran si quería cocacola o zumo de pomelo para tomar.
En menos de una hora llegamos a nuestro destino. En el aeropuerto nos estaba esperando nuestro guía, un nubio bastante alto y con cara de buena gente (como la mayoría de por allá, no como aquí). Primero nos dirigimos a la famosa presa de Asuán, esa que abastece de energía a todo el país, a parte de Libia y Sudán. La verdad es que estos egipcios son unos derrochones con mal gusto. Como allá no tienen navidad ponen esas lucecitas tan horrendas a todas horas y con cualquier excusa.
Me enteré allá que la presa tuvo colaboración en sus principios por los siempre simpáticos y amorosos rusos, creando una bomba de relojería que si explota arrasaría con todo el país. Supongo que por eso será zona militar, prohibida para turistas. ¿No se fían? Con lo bueno que soy...
Al rato fuimos al barco. Estaba hecho un moco con patas, tanto que me acabé durmiendo en el sofá. Me desperté poco antes de la hora de comer, horario guiri, a las 12. Compañía guiri, todo lleno de apestosos holandeses, tocinetes y rubicundos.
Los templos son impresionantes, recios, altos, medio en ruinas. Se podía respirar la magia de esos lugares, hoy tan denostados por mentalidades capitalistas o de "verdadera religión". Lástima de turistas, sacándose fotos para decir "yo estuve ahí". Gilipollas. Muchos de los templos que visitamos fueron trasladados piedra a piedra debido a la subida del Nilo por la presa de los ingleses (olvidé decir que a finales del XIX, si no me falla la memoria, los ingleses construyeron otra presa, más pequeña. Me refiero a esa), estando ahora junto al Nilo. Es un paraíso, sobre todo Philae. Digno de ver.
Se nos ofreció dos excursiones extra: una a Abu Simbel y otra al poblado nubio, excluyentes. No fuimos a Abu Simbel, eso lo dejo para otro viaje. Creo que elegimos bien, ya que con el poblado nubio se incluía un paseo en barca por el Nilo, un baño (¡cuidado, turistas! hay un gusano parásito que vive en las aguas del río, se mete en el cuerpo por los poros de la piel de los pies y sube hasta los intestinos, donde se apalanca y empieza a merendárselos. Es mortal de necesidad), y un paseíto en camello hasta el pueblo.
El poblacho mola, está lleno de negritos, donde se casan primos con primas, con casas de adobe de techo circular (dicen que ayuda a disipar el calor) y donde hacen tatuajes con genna. Sí, yo también, me hice un escorpioncete en la mano que imprimí en las sábanas mientras dormía.
El viaje fue muy de tranquis, nos pasamos muchas horas en el barco.
El siguiente día fuimos a ver otros dos templos. El primero fue el de Asuán propiamente dicho. Un templo doble dedicado a dos dioses, Horus y a Socket (espera, no creo que se refiera a este Socket pero bueno, mi memoria no es lo que era). Por la tarde el de Kom-ombo. ¡Joder, qué calor! Estaba en medio de una explanada, entre piedras que de tanto sudar ya habían perdido el color (no como los murales, algunos conservan el color). Ni echamos fotos. Me pregunto cómo aguantan esos guiris con la piel quemada. Masocas.
-¿Qué haces durmiendo? ¡Tienes que acabar el resumen del viaje por las tierras coptas antes de que se te olvide todo!
-Sí, lo sé -acerté a contestar, entre balbuceante y soñoliento-, mañana me pongo con la tercera parte. Ahora ¡déjame dormir, hostias!
Intentó contesarme, pero mi lámpara se lo impidió. Nota mental: He de conseguir otra, que ésa ya no va a volver a iluminar en su vida.
Asuán.
-¿Ya son las tres? ¡Joder, qué tarde es!
Nos despedíamos de El Cairo con prisas, sueño y teniendo que embarcar a las cinco de la mañana. Como era de suponer llegamos tarde, menos mal que los propicontactos de mi tío nos hicieron saltarnos la cola para facturar. El vuelo a Asuán fue rápido, en menos de una hora estábamos allá, y hermoso, ya que acompañamos al sol en su despertar. Los de las aerolíneas egipcias son unos roñosos, nos dieron sólo cosas para beber, 3 veces, una por cada viaje que hicimos. En ese momento estábamos sin desayunar, con 4 horas de sueño en el cuerpo y lo último que me apetecía era que me preguntaran si quería cocacola o zumo de pomelo para tomar.
En menos de una hora llegamos a nuestro destino. En el aeropuerto nos estaba esperando nuestro guía, un nubio bastante alto y con cara de buena gente (como la mayoría de por allá, no como aquí). Primero nos dirigimos a la famosa presa de Asuán, esa que abastece de energía a todo el país, a parte de Libia y Sudán. La verdad es que estos egipcios son unos derrochones con mal gusto. Como allá no tienen navidad ponen esas lucecitas tan horrendas a todas horas y con cualquier excusa.
Me enteré allá que la presa tuvo colaboración en sus principios por los siempre simpáticos y amorosos rusos, creando una bomba de relojería que si explota arrasaría con todo el país. Supongo que por eso será zona militar, prohibida para turistas. ¿No se fían? Con lo bueno que soy...
Al rato fuimos al barco. Estaba hecho un moco con patas, tanto que me acabé durmiendo en el sofá. Me desperté poco antes de la hora de comer, horario guiri, a las 12. Compañía guiri, todo lleno de apestosos holandeses, tocinetes y rubicundos.
Los templos son impresionantes, recios, altos, medio en ruinas. Se podía respirar la magia de esos lugares, hoy tan denostados por mentalidades capitalistas o de "verdadera religión". Lástima de turistas, sacándose fotos para decir "yo estuve ahí". Gilipollas. Muchos de los templos que visitamos fueron trasladados piedra a piedra debido a la subida del Nilo por la presa de los ingleses (olvidé decir que a finales del XIX, si no me falla la memoria, los ingleses construyeron otra presa, más pequeña. Me refiero a esa), estando ahora junto al Nilo. Es un paraíso, sobre todo Philae. Digno de ver.
Se nos ofreció dos excursiones extra: una a Abu Simbel y otra al poblado nubio, excluyentes. No fuimos a Abu Simbel, eso lo dejo para otro viaje. Creo que elegimos bien, ya que con el poblado nubio se incluía un paseo en barca por el Nilo, un baño (¡cuidado, turistas! hay un gusano parásito que vive en las aguas del río, se mete en el cuerpo por los poros de la piel de los pies y sube hasta los intestinos, donde se apalanca y empieza a merendárselos. Es mortal de necesidad), y un paseíto en camello hasta el pueblo.
El poblacho mola, está lleno de negritos, donde se casan primos con primas, con casas de adobe de techo circular (dicen que ayuda a disipar el calor) y donde hacen tatuajes con genna. Sí, yo también, me hice un escorpioncete en la mano que imprimí en las sábanas mientras dormía.
El viaje fue muy de tranquis, nos pasamos muchas horas en el barco.
El siguiente día fuimos a ver otros dos templos. El primero fue el de Asuán propiamente dicho. Un templo doble dedicado a dos dioses, Horus y a Socket (espera, no creo que se refiera a este Socket pero bueno, mi memoria no es lo que era). Por la tarde el de Kom-ombo. ¡Joder, qué calor! Estaba en medio de una explanada, entre piedras que de tanto sudar ya habían perdido el color (no como los murales, algunos conservan el color). Ni echamos fotos. Me pregunto cómo aguantan esos guiris con la piel quemada. Masocas.
viernes, noviembre 02, 2007
Un loco en Egipto (II)
El Cairo. Capital de Egipto, diecinueve millones de habitantes. Es una ciudad impresionante, pero no por sus monumentos, su zoco o su estilo arquitectónico. Al contario. Es una ciudad opresiva, en la que su aire quema los pulmones, su rostro esquelético y sucio dominado por el hambre llega hasta a los edificios, contaminados y construidos a plazos.
La conducción es simplemente caótica, tan sólo respetan la dirección en los carriles, aunque no siempre. No es de extrañar encontrarse un carro de habas tirado por un burro avanzando en dirección prohibida a punto de chocar contra un "mashrub" (o como se pronuncie), furgonetas tipo la volskwagen de los hippies pero usadas como taxi, iluminadas por fuera y por dentro como discotecas y con tanta densidad de población dentro de ellas como el centro de Tokio.
Sorprende ver la sucesión de edificios sin terminar, sin pintar y las vigas sobresaliendo, todo ello junto a edificios monocolor por la contaminación. Transmite una sensación de irrealidad, de pesadilla arquitectónica para los amantes del orden, la limpieza y la eficiencia. Bueno, voy a empezar a hablar de lo que vi en los tres días que estuve en la capital.
El museo egipcio. Una cosa llena de restos de la época antigua. Muchas estatuas, sarcófagos, momias y el tesoro de la tumba de Tutankamón. Como todo museo es un lugar horroroso, cosas amontonadas sacadas de contexto, monumentos funerarios de más de tres mil años de antigüedad expuestos para que un puñado de guiris rubicundos digan: "oh, he visto la máscara de tutancamón". Al menos se respetaba, más o menos, el silencio. Hay que ver, la gente se sorprende de lo que podían hacer los egipcios hace 5000 años. Como si fueran chimpancés, no te jode. "Con los medios de antes", cualquier cosa es buena para menospreciar al otro.
Las pirámides y la esfinge. Sí, es algo que quita el aliento. Vaya cantidad de piedras, una encima de la otra. Volvemos al menosprecio que comentaba unas pocas líneas antes. "Que lo han hecho los extraterrestres", hay que joderse, a hostias los ponía yo a hacer las pirámides. ¡Qué poca confianza en la raza humana! "Que si lo han hecho esclavos" Toma topicazo bíblico, los judíos, ¿no? Era una sociedad religiosa, que vivía sin prisas y con grandes cerebros puestos en ello. Eran todos trabajadores y para ellos un honor trabajar en los templos de sus dioses-reyes cuando no estaban trabajando en el campo. Más o menos como el que hace el camino de Santiago o el que peregrina a La Meca. Y frente a las ters pirámides la esfinge, Kefrén (si no me falla la memoria) eterno custodiando los enormes polígonos. Impresiona.
El mercado del gran calili, o algo así. Khan El Khalili, según leo en la wikipedia. Sí, un enorme zoco donde puedes comprar de todo, desde oro y plata hasta calzoncillos llenos de manchas. Los vendedores son muy simpáticos, el "más barato que carreful" se oye cada pocos metros, no son tan pesados como los pintan por aquí, con un "no" y un poquito de indiferencia te dejan tranquilo (también es válido el "la", que es no en árabe, aunque quizá empiecen a hablarte en moro y... no sé, no lo he probado). No les gustan mucho los catalanes, hasta allá ha llegado su fama de agarraos. Volviendo al mercado, hay una parte typical guiri, de la que huímos, fuimos a la más local, aquello parece una mezcla entre el axiamo y el mercado del martes, está guay, pero no deja de ser un simple mercadito con muchas sorpresas, megahorteradas al estilo egipcio y precios interesantes.
Otra cosa que no hay que perderse es la ciudadela de Saladino. Es una gran fortaleza de color ocre que domina toda la ciudad, y en su interior una preciosa mezquita de corte bizantino (parece una iglesia ortodoxa, similar a Haiga Sofia, en Estambul). El patio de la mezquita, donde está la fuente de purificación (o como se diga) hay un precioso reloj "regalado" por un reyezuelo gabacho a cambio de un obelisco del templo de Luxor. El reloj NUNCA funcionó.
Pasamos junto al enorme cementerio de la ciudad. Está habitado. "Si sirve para los muertos, ¿por qué no para los vivos?" Es lo que piensan allá. Es casi infinito, y las casas aparecen como champiñones por entre los panteones y las tumbas de los finados.
No es una ciudad para vivir. No es un país para vivir, jeje.
La conducción es simplemente caótica, tan sólo respetan la dirección en los carriles, aunque no siempre. No es de extrañar encontrarse un carro de habas tirado por un burro avanzando en dirección prohibida a punto de chocar contra un "mashrub" (o como se pronuncie), furgonetas tipo la volskwagen de los hippies pero usadas como taxi, iluminadas por fuera y por dentro como discotecas y con tanta densidad de población dentro de ellas como el centro de Tokio.
Sorprende ver la sucesión de edificios sin terminar, sin pintar y las vigas sobresaliendo, todo ello junto a edificios monocolor por la contaminación. Transmite una sensación de irrealidad, de pesadilla arquitectónica para los amantes del orden, la limpieza y la eficiencia. Bueno, voy a empezar a hablar de lo que vi en los tres días que estuve en la capital.
El museo egipcio. Una cosa llena de restos de la época antigua. Muchas estatuas, sarcófagos, momias y el tesoro de la tumba de Tutankamón. Como todo museo es un lugar horroroso, cosas amontonadas sacadas de contexto, monumentos funerarios de más de tres mil años de antigüedad expuestos para que un puñado de guiris rubicundos digan: "oh, he visto la máscara de tutancamón". Al menos se respetaba, más o menos, el silencio. Hay que ver, la gente se sorprende de lo que podían hacer los egipcios hace 5000 años. Como si fueran chimpancés, no te jode. "Con los medios de antes", cualquier cosa es buena para menospreciar al otro.
Las pirámides y la esfinge. Sí, es algo que quita el aliento. Vaya cantidad de piedras, una encima de la otra. Volvemos al menosprecio que comentaba unas pocas líneas antes. "Que lo han hecho los extraterrestres", hay que joderse, a hostias los ponía yo a hacer las pirámides. ¡Qué poca confianza en la raza humana! "Que si lo han hecho esclavos" Toma topicazo bíblico, los judíos, ¿no? Era una sociedad religiosa, que vivía sin prisas y con grandes cerebros puestos en ello. Eran todos trabajadores y para ellos un honor trabajar en los templos de sus dioses-reyes cuando no estaban trabajando en el campo. Más o menos como el que hace el camino de Santiago o el que peregrina a La Meca. Y frente a las ters pirámides la esfinge, Kefrén (si no me falla la memoria) eterno custodiando los enormes polígonos. Impresiona.
El mercado del gran calili, o algo así. Khan El Khalili, según leo en la wikipedia. Sí, un enorme zoco donde puedes comprar de todo, desde oro y plata hasta calzoncillos llenos de manchas. Los vendedores son muy simpáticos, el "más barato que carreful" se oye cada pocos metros, no son tan pesados como los pintan por aquí, con un "no" y un poquito de indiferencia te dejan tranquilo (también es válido el "la", que es no en árabe, aunque quizá empiecen a hablarte en moro y... no sé, no lo he probado). No les gustan mucho los catalanes, hasta allá ha llegado su fama de agarraos. Volviendo al mercado, hay una parte typical guiri, de la que huímos, fuimos a la más local, aquello parece una mezcla entre el axiamo y el mercado del martes, está guay, pero no deja de ser un simple mercadito con muchas sorpresas, megahorteradas al estilo egipcio y precios interesantes.
Otra cosa que no hay que perderse es la ciudadela de Saladino. Es una gran fortaleza de color ocre que domina toda la ciudad, y en su interior una preciosa mezquita de corte bizantino (parece una iglesia ortodoxa, similar a Haiga Sofia, en Estambul). El patio de la mezquita, donde está la fuente de purificación (o como se diga) hay un precioso reloj "regalado" por un reyezuelo gabacho a cambio de un obelisco del templo de Luxor. El reloj NUNCA funcionó.
Pasamos junto al enorme cementerio de la ciudad. Está habitado. "Si sirve para los muertos, ¿por qué no para los vivos?" Es lo que piensan allá. Es casi infinito, y las casas aparecen como champiñones por entre los panteones y las tumbas de los finados.
No es una ciudad para vivir. No es un país para vivir, jeje.
miércoles, octubre 31, 2007
Un loco en Egipto (I)
Como mi vida es muy aburrida y no me pasa nada interesante me he decidido a hacer un pequeño resumen de mi estancia turística (cómo odio esa palabra, pero por desgracia etimológicamente es la que me corresponde) en el país de los faraones, entre otros.
Egipto es un país de contrastes. Por una parte la majestuosidad de las pirámides, la esfinge, los templos; frente a calles sin asfaltar, asnos en dirección contraria, mentes esclavizadas por la religión. Mi abuelo dice que llevan un retraso de 50 años (coincidente con la dura posguerra española, que él vivió de lleno) pero creo que, más bien, se quedaron en 1788.
He de reconocer que mi primera impresión fue equivocada. Tras bajar del avión, entrar en el país pagando los visados y ver la autovía que comunica el aeropuerto con la ciudad pensé que, bueno, no estaba tan mal. Parecía una autovía normal, la gente respetaba más o menos los carriles, el aire contaminado se podía respirar (averiguaría después el motivo) y los coches relativamente modernos estaban mezclados con algunos cacharros con ruedas.
Cuán equivocado estaba.
El Cairo es una ciudad enorme, de 70 km de diámetro y 19 millones de habitantes. Sus edificios son gris-marrón, muchos de ellos inacabados (construyen las plantas superiores de las casas conforme los hijos van casándose), mostrando su osamenta de cemento armado. Se alternan casas tipo nivel adquisitivo medio español con chozas hechas de aquellas maneras. El cementerio está habitado, y no precisamente por gatos o ratas.
Pronto me enteré que dos días antes había llovido, limpiando la atmósfera. Menos mal. Cuando llegamos al hotel (Pyramids View o algo así, qué nombre más feo), en la zona de Giza, pudimos ver que, aún con el aire limpio, apenas se percibían las pirámides.
Egipto es un país de contrastes. Por una parte la majestuosidad de las pirámides, la esfinge, los templos; frente a calles sin asfaltar, asnos en dirección contraria, mentes esclavizadas por la religión. Mi abuelo dice que llevan un retraso de 50 años (coincidente con la dura posguerra española, que él vivió de lleno) pero creo que, más bien, se quedaron en 1788.
He de reconocer que mi primera impresión fue equivocada. Tras bajar del avión, entrar en el país pagando los visados y ver la autovía que comunica el aeropuerto con la ciudad pensé que, bueno, no estaba tan mal. Parecía una autovía normal, la gente respetaba más o menos los carriles, el aire contaminado se podía respirar (averiguaría después el motivo) y los coches relativamente modernos estaban mezclados con algunos cacharros con ruedas.
Cuán equivocado estaba.
El Cairo es una ciudad enorme, de 70 km de diámetro y 19 millones de habitantes. Sus edificios son gris-marrón, muchos de ellos inacabados (construyen las plantas superiores de las casas conforme los hijos van casándose), mostrando su osamenta de cemento armado. Se alternan casas tipo nivel adquisitivo medio español con chozas hechas de aquellas maneras. El cementerio está habitado, y no precisamente por gatos o ratas.
Pronto me enteré que dos días antes había llovido, limpiando la atmósfera. Menos mal. Cuando llegamos al hotel (Pyramids View o algo así, qué nombre más feo), en la zona de Giza, pudimos ver que, aún con el aire limpio, apenas se percibían las pirámides.
lunes, octubre 29, 2007
De vuelta en España
¡¡¡Por fin de vuelta!!! Con mis ácéntós, mis eñes...
y calles limpias, gente que no mendiga por una propina, aire (más o menos) limpio, civismo al volante, respeto a los derechos del niño, horarios de verdad, gente que habla en cristiano, chicas guapas, (más o menos) puntualidad, calles asfaltadas, semáforos, (más o menos) laicismo, etcétera
y calles limpias, gente que no mendiga por una propina, aire (más o menos) limpio, civismo al volante, respeto a los derechos del niño, horarios de verdad, gente que habla en cristiano, chicas guapas, (más o menos) puntualidad, calles asfaltadas, semáforos, (más o menos) laicismo, etcétera
sábado, octubre 27, 2007
Nota rapida
(Si, no voy a gastar acentos, aun gracias que este teclado funciona en ingles americano)
Sigo vivo.
Hay que ver como un viaje/vacaciones/acompanyamiento puede convertirse en la espoleta que provoque una cadena de cambios importantes. Impresiona ver como la gente trabaja por cuatro chavos, esclavizados y rezando por una propina. Solo les falta que me la sostengan despues de mear.
Por otra parte el pais eterno, antiguo, de piramides y rio es impresionante (acentos, os echo de menos). El Nilo, sinuoso, largo, con sus orillas de vegetacion imposible contrasta con las montanyas de dunas y un cielo totalmente despejado. Es algo que hay que ver.
No voy a hablar del calor, que es mucho y eso que estamos casi a noviembre.
Y las piramides molan, la esfinge, los templos, las tumbas, etc...
Ahora toca viaje al mercado, hasta luego poco mundo que entra, ja ja ja.
Sigo vivo.
Hay que ver como un viaje/vacaciones/acompanyamiento puede convertirse en la espoleta que provoque una cadena de cambios importantes. Impresiona ver como la gente trabaja por cuatro chavos, esclavizados y rezando por una propina. Solo les falta que me la sostengan despues de mear.
Por otra parte el pais eterno, antiguo, de piramides y rio es impresionante (acentos, os echo de menos). El Nilo, sinuoso, largo, con sus orillas de vegetacion imposible contrasta con las montanyas de dunas y un cielo totalmente despejado. Es algo que hay que ver.
No voy a hablar del calor, que es mucho y eso que estamos casi a noviembre.
Y las piramides molan, la esfinge, los templos, las tumbas, etc...
Ahora toca viaje al mercado, hasta luego poco mundo que entra, ja ja ja.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)