He vuelto.

domingo, febrero 26, 2012

Una persona normal se suicida a los 27 años. Quien lo hace después es porque tiene un retraso mental.

lunes, enero 30, 2012

cristos de plástico

He robado cristos de plástico
para decorar mis paredes,
tengo dos en el alféizar,
les sonríen a la muerte,
con los dientes cubiertos
por su sangre polímera
refinada y coagulada.
¡Amén!

Tengo miles de cadáveres a mis pies
y todos llevan mi cara,
amén.
Amén de cristos,
son famélicos,
torturados y con mordiscos de ratas
donde una vez estuvo
su Sagrado Corazón.

Empalé al más preciado
con un cristal de la ventana rota,
quemé con gasolina a muchos más,
y ahogué con mis propias manos
al que me enseñó qué significa el amor.
A otro lo puse sobre un caballo desollado,
¡el paladín de las huestes del Fin del Mundo!
mis ratas queridas, es la hora de la cena:
venid a mí y juguemos
a la hambruna, 
necesito huesos relucientes
para albergar más carne podrida de Dios.

martes, enero 24, 2012

Leteo

Desconchada sangre
silueta del beso de la noche,
ultima mi voz,
porque los clavos no me hacen gritar.
Los huesos,
¡amo los huesos!
mi respiración es profunda
en la ceniza de los huesos olvidados,
Leteo.
Rasca yeso, mutada flor,
la radiactividad de cieno y ciento,
Nunca esperes lo esperado.

domingo, enero 15, 2012

cinco duplas

Una cerveza y mi silencio:
enemigos íntimos.

Mis fantasmas me sonríen
con las botas sobre la cama.

Ya no quedan mujeres como las de antes.
Ni hombres tampoco, tampoco.

El ahorcado brilla más que
la bombilla de bajo consumo de mi cuarto.

-¿Lo matamos, señor?
-No tengáis prisa, ahorrad las balas.

miércoles, enero 11, 2012

Señor, permíteme...

Señor,

Permíteme estar cansado, cansado de recibir golpe tras golpe, cansado de la mala suerte y los errores propios y ajenos. Permíteme dudar de ti, de tu reino, de tus palabras vacías y de tus esperanzas vanas de cuellos doblados y servidumbre ad-eternum.

Permíteme dudar de ti como dudo de mí y de mi capacidad, permíteme no dudar de tu duda e incapacidad para proveer los dones y la justicia y la bondad y el amor que dices que provees y que no existe más que en la retórica de las serpientes arremolinadas a tu sombra esperando medrar a mi costa.

Permíteme estar tumbado en la cama de espinas que son cada una de las costillas rotas por tus coces inesperadas y velos de acero británico. Languidezco en tu círculo vicioso, vicioso, vicioso. Enfermo, enfermo. No me sonríes, permíteme que no te sonría ni te dé la patita a cambio de un premio en forma de alcohol, mujer desquiciada o miserable trabajo donde me apago sin contemplaciones mentira a mentira.

Permíteme odiarte, como me odio, como me odias.

Permíteme mirar mal a quien me agreda, seguirle y quemar su casa tras violar a su esposa e hijas. Nadie me ha enseñado qué es la piedad, la supe desde que nací, sin embargo tus acciones me han echo olvidarla. Si valgo cuatro veces lo que gano, permíteme devolver cuatro veces el dolor que sufro con tus caprichos y tus historias de las que no quise ser protagonista.

Permíteme ver la muerte cara a cara, sin romanticismos, sin maquillajes ni falsos trucos de feria. Los muertos, los vivos, los que se mueven y los que están bajo tierra. Los que se aferran a mí, los que beben mi aliento, los que medran, los que cuelgan. Mirarlos por lo que son: esqueletos cubiertos por carne putrefacta y harapos, incapaces de dar un paso sin mi fuerza. Permíteme verte a ti entre ellos, también alimentándote de mí, porque vives de mi recuerdo y pensamiento.

Permíteme ocupar tu trono en la creación. Si yo, herido y cansado, soy tu máxima y mejor obra, entonces no mereces el cargo. Deja el paso a tu hijo pródigo. Al menos soy sincero.

Atentamente,
V.